lunes, 8 de febrero de 2010

MI HANSEL Y GRETEL PARTICULAR

El famoso cuento Hansel y Gretel de los hermanos Grim, dio paso a este otro que , a través de un taller de escritura en un Foro de Literatura,  debíamos rehacer como entendiéramos, para que, después de ser corregido, se determinara si teníamos o no, capacidad de redacción y creación literaria:
Así me quedó...Por cierto, me pusieron 5 estrellas: O sea, que gustó al responsable del taller, que, por otra parte, era exigente donde los hubiera. Sólo me hizo unas pequeñísimas correcciones de tiempos en el relato y poco más y la edad narrativa del personaje...Ya que se supone que un niño no tenía tal capacidad para discurrir  o plantear soluciones  y comportamientos.

Esta es mi versión donde la protagonista aquí es Gretel, la chica. Quise dejar claro que las mujeres no somos tan débiles como aún a veces nos consideran algunos...

Hola amigos, soy Gretel, quiero contaros un poco la historia de mi vida junto a mi hermano Hänsel.


Hubo un tiempo en que vivíamos en un bosque muy grande  junto a mi padre y su esposa, nuestra madrastra, pero pasábamos mucha hambre ya que  nuestro padre no ganaba lo suficiente para alimentar las cuatro bocas de nuestra familia.

Una noche mientras intentábamos dormir pese al hambre, oí a mi padre como le decía a mi madrastra. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar a los pobres pequeños, puesto que nada nos queda?
Ella le contestó que tenía una buena idea. Consistía en que de madrugada nos llevarían a mi hermano y a mí al bosque. Encenderían un fuego, nos dejarían un trocito de pan y luego sin que nos diéramos cuenta nos dejarían solos y se volverían a su trabajo. –como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libramos de ellos- dijo sin un ápice de tristeza en sus palabras.
-¡Por Dios, mujer¡- le contestó mi padre. Eso no lo hago yo ¡Cómo voy a cargar sobre mí el abandonar a mis hijos en el bosque¡ No tardarían en ser destrozados por las fieras.
Ella, le gritó diciendo: ¿Quieres, pues, que nos muramos de hambre los cuatro? ¡ya puedes ponerte a serrar las tablas de los ataúdes¡ y siguió  importunando a mi padre que no tenía valor para negarse, pues ella siempre le amenazaba con abandonarle, y  él, sollozando, accedió.

Mi hermano no entendía bien lo que pasaba, pero al oír lo de los ataúdes se acordó de nuestra mamá cuando murió y comenzó a llorar.
Le dije a Hänsel que no se preocupara, que confiara en mí que yo no consentiría que le pasara nada malo. Velaría por él como lo habría hecho nuestra madre.
Cuando los viejos estuvieron dormidos, me puse una chaquetita encima del camisón y salí a la calle por la puerta trasera. Esa noche brillaba una luna esplendorosa y pude ver sin problemas los guijarros reluciendo como plata pura que estaban delante de la casa. Una vez que llené con ellos los bolsillos volví al cuarto y le dije a Hänsel:  -Mañana, cuando ella entre en la habitación a levantarnos no digas nada de lo que hice anoche-.
A las primeras luces del día, nuestra madrastra entró en la habitación y nos gritó a Hänsel y a mí: ¡vamos holgazanes, levantaos¡ Hemos de ir al bosque a por leña- y dándonos a cada uno un pedacito de pan, nos advirtió que con él tendríamos para todo el día, pero si nos lo comíamos antes no nos daría más-. Puse a Gretel el pan debajo de su gabán, porque yo llevaba los bolsillos llenos de piedras, y emprendimos los cuatro el camino del bosque.
Al cabo de un ratito de andar de vez en cuando me volvía para mirar hacia la casa. Mi padre decía: -Gretel, no te quedes rezagada mirando atrás, ¡atención y piernas vivas¡
-Es que miro el gatito blanco, que desde el tejado me está diciendo adiós-
Pero lo que yo estaba haciendo no era mirar al gato, sino ir echando las blancas piedrecitas, que sacaba de los bolsillos, a lo largo del camino.

Cuando estuvimos en medio del bosque, dijo nuestro padre:
-Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego para que no tengáis frío.
Mi hermano y yo reunimos un montón de leña.
Mi padre y nuestra madrastra prepararon una hoguera, y cuando ya ardió con llama viva, ella nos dijo que nos pusiéramos al lado del fuego que ellos se iban a recoger leña, y que nos recogerían cuando terminaran.
Después de comernos el pan, y gracias al calor del fuego Hänsel y yo nos quedamos dormidos y despertamos cuando ya era noche cerrada.
Hänsel se echó a llorar, y dijo:-¿Dónde está padre? ¿Cómo saldremos del bosque?, Tengo miedo- Pero yo le consolé y le dije que esperaríamos un poquito más hasta que la luna estuviera alta en el cielo y que vería como encontrábamos el camino.

Después de un rato abrazados, cogí a Hänsel de la mano y anduvimos toda la noche bajo la luz de la luna que hacía brillar las piedrecitas arrojadas y nos condujeron a nuestra casa de nuevo.
Cuando llamamos a la puerta, la cara de nuestra madrastra al abrirla, era de rabia, y con mal fingido apuro, dijo: -¡Diablo de niños¡ ¡Donde os habíais metido, creíamos que no queríais volver- .
Cuando mi padre salió a ver que eran esos gritos, se abrazó a nosotros con lágrimas en los ojos, pero se le notaba en su rostro la alegría por tenernos allí de nuevo.


Cuando los viejos se durmieron, Hänsel me dijo que esta vez él cuidaría de mí y salió de la habitación con intención de proveerse de guijarros como yo hice tiempo atrás; pero no pudo hacerlo, pues nuestra madrastra había cerrado la puerta. Pero me dijo: -No hay problema, Gretel, durmamos tranquilos que si Dios quiere saldremos también de ésta-
A la madrugada siguiente ella entró de nuevo en la habitación y dándonos un pedacito de pan, más pequeño aún que la vez anterior. Nos gritó que había que salir a por leña.
Camino del bosque, Hänsel iba desmigajando el pan en el bolsillo y deteniéndose de trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. Ella nos condujo aún más adentro del bosque, a un lugar donde nunca habíamos estado antes. Encendió una hoguera y nos dijo:
-Niños, después de comer echaos una siestecita, que cuando hayamos terminado, volveremos a recogeros-.
A mediodía, partí mi trocito de pan con Hänsel, y luego de haber dormido mucho rato, cuando nos despertamos la luna ya brillaba en lo alto, pero ni una sola miga de pan relucía en el suelo. Nos dimos cuenta que los pajaritos se las habían comido todas.
Anduvimos largo rato y no encontramos el camino, paramos al pie de un frondoso árbol y nos quedamos otra vez dormidos.
Cuando reanudamos la marcha al amanecer comprendí que cada vez nos alejábamos más del camino. Estábamos casi desfallecidos por el hambre, de pronto el trino de un pajarillo, blanco como la nieve, nos hizo pararnos a escucharlo. Cuando reanudó el vuelo fuimos tras él hasta que le vimos posarse en el tejado de una casa hecha de pan cubierto de chocolate, y las ventanas  de puro azúcar.
Hänsel daba saltos de contento. Me dijo que él comería un pedacito del tejado y que yo podría probar la ventana.
Nos encaramamos al tejado los dos y cuando yo bajé para lamer la ventana una voz del interior surgió dándonos un buen susto diciéndonos: -¿Será acaso la ratita quien roe mi casita?-
No hicimos mucho caso, pues el hambre era mucha y el tejado y la ventana sabían a gloria. De pronto se abrió la puerta tan bruscamente que un trozo de teja de chocolate cayó al suelo haciéndose añicos. La mujer que salió de la casa era fea como nunca yo antes había visto a nadie. Tenía unas orejas de soplillo y unas verrugas negras que me dieron repelús.
Nos dijo que no temiéramos nada. Que pasáramos dentro de la casa donde había más cosas ricas para comer.
Yo no estaba muy convencida, pensé que quizá esa mujer tan fea de mirada fría nos tendería una trampa. Después del comportamiento de mi madrastra, yo estaba muy recelosa.
Hänsel insistió en entrar, decía qué dentro podríamos comer cosas aún más exquisitas que el tejado y las ventanas.
Después de dudar un rato sobre si entrar o no, cogí a Hänsel de la mano y pasamos dentro. Un olor raro me llegó pero no dije nada.
Después de hartarnos de comer, nos acostamos en un jergón y cuando  desperté ya era de madrugada.  No vi a Hänsel a mi lado. Salí afuera y un alarido salió de la boca desdentada de la horrible mujer asustándome más de lo que ya estaba. –Ven aquí, holgazana-, me gritó: -Tengo a tu hermano encerrado en el establo y lo alimentaré hasta que engorde como cerdo de matanza. Cuando esté bien cebado, me lo comeré-
No pude soportar tanta tragedia y me puse a llorar amargamente, pero tenía que cumplir los mandatos de aquella bruja. Tuve que cocinar para mi hermano manjares exquisitos mientras  yo me caía de hambre por los rincones, pues la bruja controlaba para que yo no me pudiera llevar a la boca nada más que cáscaras de cangrejos.

Cada vez que la bruja bajaba al establo para ver lo que había engordado Hänsel, éste sacaba un hueso de pollo por la reja, pues habíamos descubierto lo cegata que era y así pudimos engañarla ya que oíamos como decía lo poco que engordaba. Pero una mañana me chilló. -¡Gretel, ve a buscar agua, esté gordo o no tu hermano, mañana me lo comeré-.
¡Qué desconsuelo el mío, cuando traje el agua del pozo, las lágrimas saltaban de mis mejillas al suelo¡ Pedí ayuda a Dios, como mi madre nos había enseñado y confié en que ella, desde el cielo, cuidaría también de que el trágico final no llegara para nosotros.

Cuando tuve que salir y llenar de agua el caldero y encender fuego, la bruja dijo que primero se cocería el pan, y dándome un empujón me llevó hacia la boca del horno para que entrara a comprobar si estaba lo suficientemente caliente. De pronto me di cuenta de lo que pretendía y le dije  que no sabía como entrar. Ella sin darse cuenta de mis intenciones se acercó para demostrarme como tenía que hacerlo. En ese momento yo le di un empujón y fue a parar al fondo del horno. Cerré la puerta y comenzaron a oírse alaridos de bruja quemada. Salí corriendo hasta el establo a por Hänsel. -¡Vámonos de aquí,  estamos salvados, esa malvada ya nada puede hacernos, está ardiendo en su propio infierno-
Nos abrazamos y besábamos. Reíamos sin parar de felicidad. Antes de irnos de allí para siempre, recorrimos todas las estancias de la casa. La bruja tenía todos los rincones con cofres llenos de perlas y piedras preciosas. Nos llenamos los bolsillos y delantales de pedrería,  pues aunque no sabíamos bien que haríamos con ellas, esas eran más bonitas que los guijarros de los que habíamos llenado nuestros bolsillos tiempo atrás.

Salimos corriendo de ese lugar embrujado.

Cuando llegamos al río, vimos que no había ni puente ni pasarela ni una barca para cruzarlo.
De pronto Hänsel vio un pato blanco y me dijo que él nos ayudaría a cruzarlo. Comenzó a llamarlo diciéndole: -Patito, buen patito mío Hänsel y Gretel han llegado al río, no hay puente por donde pasar: ¿sobre tu blanca espalda nos quieres llevar-?
Se acercó el patito hasta la orilla, y Hänsel se subió a él, yo me di cuenta que los dos pesábamos mucho para ir juntos y decidimos ir uno detrás del otro.
Cuando los dos estuvimos en la orilla opuesta fuimos caminando un buen trecho. De pronto vimos como el bosque se nos fue haciendo cada vez más familiar, hasta que por fin descubrimos nuestra humilde casa. Echamos a correr, cuando abrimos la puerta, nuestro padre estaba sentado frente a la chimenea abrazado a ropas nuestras. Cuando miró a la luz que entraba desde el bosque, saltó de la silla y fue a nuestro encuentro. Nos abrazó de una vez a mi hermano y a mí. Nuestras lágrimas ya eran de alegría.
-Hijos míos, decía sin parar, ya nunca nos separaremos, vuestra madrastra murió hace tiempo. Los tres viviremos ahora en paz y con amor aunque seamos tan pobres, pero juntos todo lo malo venceremos-.

Cuando Hänsel y yo, vaciamos nuestros bolsillos, la cara de mi padre se iluminó. Nosotros no sabíamos bien que eran todas aquellas piedras que brillaban como el sol y se parecían a la luna. Pero él nos lo explicó.

-Hijos míos, se acabó nuestra miseria. Dios y vuestra madre nos han ayudado. Las piedras que habéis traído son auténticas joyas, las venderemos y podremos vivir sin apuros el resto de nuestras vidas-

 

Ahora ya no pasamos hambre, ni tenemos miedo a que nos abandonen solos en el bosque.





sábado, 6 de febrero de 2010

TODO LO QUE TUVE Y NO TRAJE.

No me gusta desprenderme de las cosas. Me cuesta mucho perder todo aquello que en otros momentos tuve ilusión por conseguir, o me costó llorar para obtenerlo…A todo lo conservo  en el cariño, pero ya aprendí que hay que dejar marchar lo viejo para que entre lo nuevo.
El inexorable paso del tiempo me ha ido dejando el sabor salino de la añoranza mientras a través de la ventana que mi mente abre sigo viendo las cosas que ya no tengo. Las que se perdieron por el paso de los años o quedaron atrapadas en algún lugar oscuro de la memoria y no me es permitido recordar qué fue de ellas.


Las primeras cosas auténticamente mías que disfruté fueron las que pude permitirme a través de la independencia que me facilitó mi suerte.

Por el transcurrir de la vida, cuando nuevos caprichos o necesidades aparecieron tras los ojos ávidos de descubrimientos, fui rodeándome de objetos distintos e ilusiones nuevas.

Pero aún ahora que ya ha pasado mucho tiempo de mi primer logro y he ido arrastrando tras de mí los muebles y los recuerdos, cuando me he instalado en la comodidad de un nuevo hogar que lleva grabado en cada pared y en el suelo bajo mis pies, las gotas irremediables a partes iguales de lágrimas de tristeza y alegría vertidas, me pesa la nostalgia aunque sea liviana su carga.

No todo se lleva de una parte a otra. Al menos no físicamente, pero siempre vamos trasladando de un lugar a otro, no importa donde nos instalemos, ni cuantas veces cambiemos de lugar, todas las cosas que hemos tenido, pues mientras podemos recordar vamos llevándonos en la mudanza todo lo que ya no  podemos disfrutar pero seguimos cargando en la espalda de la añoranza.

Y aquí están, junto a mí, en mi nueva casa, todos los recuerdos de las cosas que tuve y no traje.




miércoles, 27 de enero de 2010

COMPAÑEROS INSEPARABLES













Hoy, desde que llegué a mi casa, estoy teniendo una acalorada charla con este compañero inseparable que tengo.
Es verdad que lo llevo y traigo por donde nuestro cuerpo se mueve más allá de lo que a veces quiere moverse, pero eso no le da derecho alguno a recriminarme mi paseo por el oscuro de la noche pateando el resbaladizo asfalto ni moviéndome al ritmo cadencioso de la música de ayer y hoy, ni trepar rocas escarpadas.
Yo no me meto con él más allá de echarle en cara que es un visitante incómodo. Que no le llamé para que se viniera conmigo. Que puedo pasar muy bien sin él y de hecho no quiero que se quede. Pero, más terco que una mula y debe ser sordo, porque como el que oye llover.
Aunque, debe ser mía la culpa. Bastante tiene el pobre con que yo no lo deje relajarse, que muchas veces lo someta a calenturones y que lo lleve por donde él no querrá, ni asomarse siquiera.
Pero es lo que hay. Somos ya muchos años compañeros inseparables. Juntos hemos recorrido medio mundo. Paseamos unidos por fuertes lazos y nos han calentado los mismos abrazos. En definitiva que nos queremos, la verdad sea dicha.
Ahora voy de nuevo a oír su lamento. A sentir sobre mi piel el peso de sus reproches por los últimos días vividos llevándolo por donde yo he querido. Frío o caliente. Tenso o relajado.
Acabamos de disfrutar de una suave y caliente ducha y él me ha ido diciendo bajito lo que me quiere, pero que lo tengo un poco cansado. Que, por favor, por unos días le de algún masaje y lo perfume. Que lo cuide y veré como no me da motivo de queja. Que me esté quieta y deje de ir de acá para allá, que no quiere viajar más de momento, ni subir montañas.
Yo le he dicho que haré lo que pueda pero que no le aseguro nada.
He empezado a cuidarlo, a mimarlo. Pues hoy no llevará zapatos de tacón, ni andará oprimido.
Hoy lo he enfundado en unos suaves calcetines y unas cómodas zapatillas de andar por casa que le han dado una cálida bienvenida y le han dicho bajito:

No te preocupes juanete: hoy el dedo gordo del pie derecho y tú podréis descansar calientes y cómodos en el hogar, dulce hogar




jueves, 21 de enero de 2010

HUELLAS DE LETRAS.


Cuando escribimos nos gusta que quienes nos leen, nos den su opinión y nos digan si les ha gustado lo que hemos creado unas veces a "vuela tecla", y otras con tiempo suficiente como para releer, borrar, rectificar... Muchas veces los lectores pasamos de puntillas por los escritos que son leídos, pero el silencio de las palabras calladas, nos deja la duda de si habremos sabido llegar al corazón o a la mente de quien, pese a leernos, no nos dice nada.
Esto lo escribí en el Foro de Literatura (uno de varios en los que estoy) donde lo dejé como agradecimiento a quienes leen, escriben, comentan o silencian. 

Hoy quiero agradecer las huellas de vuestros pasos en la arena de este Foro, aunque paseís de puntillas y no digais nada. 

Hay muy buenas aportaciones literarias que llegan a rozarnos el corazón. Bellas prosas y poesías que a veces quedan sin respuesta. Quienes aquí escriben y lo hacen tan bien, un@s con experiencia y capacidad literaria y otr@s, en las que me incluyo, queriendo hacer una tímida incursión en este pequeño mundo real o imaginario donde nos aventuramos para, sobre todo, sacar de nuestro interior lo que callado no puede quedarse.

Muchas aportaciones quedan sin un comentario que nos de una idea de lo que hemos conseguido al crearlo. Una fugaz lectura a veces pasa por bellos relatos o sinceros poemas. Otras, son motivo de análisis, confusión o debate. Pero todas, sin excepción, han sido creadas en el bullicio de mentes y corazones que se abren hueco entre las letras que, como letanías, se presentan ante sus creadores para ser contadas.

Llevo algunas noches dedicando un buen tiempo a leer los relatos y algunos poemas vuestros que, fotocopiados, se amontonaban en blancos y enrollados folios esperando ser leídos. Dejo que, cómodamente, se me vayan llenando los ojos de lágrimas y se me pongan los pelos como escarpias. Puedo desde mi cómodo rincón, relajarme sintiendo el beso de amantes y la glosa del amor vivido y sentir a la vez, el llanto de dolor por el sufrir de otros y risas perdidas.

Puedo observar detenidamente mi entorno y saber que me encuentro a salvo del miedo exterior hecho cuento . De la violación de la niñez. De la muerte a manos de corazones desagradecidos y mentes tortuosas. Puedo comprobar que los miedos nos sorprenden agazapados en mazmorras imaginarias y negras como la desolación, y puedo sonreír ante alegrías de vidas desconocidas y debo, porque quiero, ponerme a escribir esto que os dejo.


Vosotr@s con esa fluidez de verbo y letra. Con esa capacidad de sorprendernos cada día. De regalarnos historias. De crear poesía, hacéis que, cuando me imbuyo en las vidas dejadas en letra por vuestra imaginación creada, yo pueda pasearme con libertad por los recovecos oscuros y claros de la mente.

De vuestra mente. De las que salen tantas y diversas formas de sentir y contar lo que nos dejáis. De ayudarnos a ver y saber de las cosas que pasan sin que a veces nos demos cuenta.

Por eso quiero deciros hoy que, aunque en ocasiones no os diga nada a lo que escrito queda, me llegan esas historias vuestras que, reales o imaginarias a cualquiera nos pueden dejar con una lágrima o una risa en la cara.



Gracias por vuestros relatos, por los poemas, de los que por aquí estáis o de los poetas que, consagrados ya en la historia, rescatáis para hacernos recordar o darnos a conocer lo que otros crearon.
















UN SACO DE BESOS

Alargo mis manos y tiendo los brazos. Abrazo al hombre de la moto, pues voy de paquete en su negra que recorre los caminos mientras que el frío se va apoderando de manos, pies, cara, todo el cuerpo. Pero vamos entrando en calor al suave roce de la piel en que hemos envuelto nuestros cuerpos al subir a la negra moto.

Llegamos a un lugar donde el calor del hogar nos abraza de nuevo y la piel de los suaves trajes que llevamos caen despacio sobre el diván que hay frente a la chimenea. Allí he descargado el saco lleno de besos y los he oído crepitar como dulces palomitas de maiz.



Ya no siento frío, pues los besos y el abrazo son uno junto al fuego.

http://www.youtube.com/watch?v=aLukX96IrQo

lunes, 4 de enero de 2010

UN DIA DE PESCA

http://www.youtube.com/watch?v=Tx-TpvHhuwk
Viejo zorro es, además de un gran amigo al que quiero mucho, un extraordinario pintor y escultor. Juntos lidiamos con la Literatura y el Humor por el Foro de Literatura donde pasamos muchos buenos momentos.
Tiene creado un rincón donde va dejando algunas de sus pinturas para que nuestra imaginación cree lo que le inspira el cuadro.
Este que dejo es el que me inspiró esta bella pintura. 

UN DIA DE PESCA.
Me he dejado el cebo, ¡¡será posible esta cabeza mía¡¡ ¿En qué estaré pensando?...En él, seguro. En las cosas que hace, en cómo las hace…En los mensajes subliminales con los que me acalla. En su voz. En…bueno, en tantas cosas que ya no sé que pensar.

Rebusco en la cesta, nada. Miro debajo del asiento de la barca, solo encuentro la carta de una baraja…¿Pero que hace esto aquí?...Es un as, el de trébol, qué curioso…Bueno, sigo buscando el cebo…y con la carta en la mano me voy a la proa a sentarme un poco mientras pienso donde podré encontrar uno para poder pescar, que a eso he venido y muy temprano me hice a la mar cuando aún no había amanecido y las nubes grises recortaban el cielo en formas que se alargaban movidas por el aire y removía mi pelo como ondas marinas.

A lo lejos el faro emitía su haz de luz y se erguía majestuoso con su ojo de fuego. El aire impetuoso de la primera hora se había calmado y una suave brisa  traía ante mí su aroma de algas y sal. De repente me di cuenta que mi interés por pescar había desaparecido. Me dispuse a relajarme mirando al cielo que cambiaba de color constantemente. Que se mostraba ante mí como obra inacabada. Como pintura en un cuadro cuyo boceto no había sido precisado. Un cielo cuyo azul no estaba en la paleta de colores. Pero si el gris y el negro, el naranja y el ocre y me pareció ver un suave malva rodeando una nube que cambiaba de forma y me regalaba otra nueva antes de que hubiese descubierto en qué se había convertido la anterior.

Las olas suaves y onduladas rozaban tímidamente la barca. Quise mojar mi cara con ellas y, de pronto, el frío húmedo salpicó mi calma. Mientras me engullía el mar y las algas se asían como tentáculos a mi cuerpo y un ensordecedor silencio me rompía por dentro, pensaba que era el fin de todo. No podía nadar. Me hundía más y más. La profundidad dolía.
No sentía miedo ante la realidad que se palpaba junto al acelerado ritmo cardiaco, pero pese al brutal silencio que ensordecía más que cualquier ruido, el sonido de mi corazón era claro y fuerte. Como de galope de caballos desbocados.

Dicen que cuando vamos a morir toda nuestra vida pasa ante nosotros a una velocidad de vértigo. Que podemos ver todo lo que hemos vivido. Que podemos recordar lo que quedó en el olvido. Que no hay ya ni dolor ni miedo, sino la conciencia de llegar a la infinitud de la nada.

Y allí,  en la inmensidad del mar.
Se daban la mano mis mundos soñados.
Mis silencios rotos por palabras no profanadas.
Los caminos tortuosos alejados.
La Tierra firme sin ser mancillada.
Fronteras de miedo olvidadas.

Por las ventanas de mi mente, el sol amarillo se abría paso ante el cielo azul. Atisbos teñidos de rojo pasión enviaban su reflejo al verde de la esperanza, donde un blanco inmaculado de nubes de algodón,  dibujaban motivos para que yo los imaginara.

Y allí, en la profundidad del mar, la vida era del color como yo la soñara. En la mano aún aferrada una carta. Un trébol de cuatro hojas. Un as en la manga.


jueves, 17 de diciembre de 2009

22 AÑOS YA SIN TI













A MI ABUELA QUE EL 16 DE DICIEMBRE DE HACE 22 AÑOS SE FUE DE MI LADO. PERO AQUÍ  SE QUEDÓ SU ESENCIA, SU RECUERDO Y QUIEN SABE, SI SU PRESENCIA ETERNA.



Permanentemente sigues. Como si nunca te hubieras ido, ni los años  hubiesen pasado cuajados de miradas que sólo ven cuando la memoria se impone. 
Como si las palabras aún resonaran en mis oídos y tus manos se agarraran fuertemente a las mías, diciéndome no te vayas guapa mía. 
Parece que fue ayer cuando me quedó tu ausencia y han pasado ya 22 años en los que perdí tu sonrisa un diciembre frío y el silencio se hizo eco de todo lo que ya solo es recuerdo.






martes, 8 de diciembre de 2009

CARTA A UNA ILUSIÓN

http://www.youtube.com/watch?v=0xj9xlxsHio






No soy más que una pobre enamorada, lo que he sido siempre, soy la sed, el amor es el agua y voy buscando la fuente mientras deambulo por un monótono mundo anhelando otro mejor, al que no sé cómo llegar, pero al que llegaré a fuerza de andar.
Caminando solo por parajes perdidos en las noches oscuras de mis sueños, me siento a veces una mujer que se quedó vacia, porque mi corazón se ha ido en busca de una ilusión y desde entonces lo perdí, por eso me siento así.
En las encrucijadas de mi fantasía, detrás de los párpados cerrados, el tiempo traidor juega en mi contra y es un temible rival contra el que nadie me puede ayudar, ayúdame tu, ilusión que bailas en mi mente, a ganar esta batalla, ayúdame tú a burlarme del tiempo, a demostrarle que soy feliz y que él tendrá que esperar para que pueda acompañarle, ayúdame a sosegar mi imaginación que me tiene día y noche abrazado a ti, ayúdame a no quedarme hueco, pues mi mente también se quiere ir contigo y me dejará caminando sola sin saber quién soy.
Si me abandona el corazón, la mente y el alma para bailar contigo ilusión, ¿Que has dejado de mí? Solo el deseo de huir, de escapar de todo y también de mí, de perderme para que tú me encuentres y detengas la furia de un deseo que no tiene fin, ayúdame, si me quieres ayudar, a seguir soñando sin ser ese fantasma que camina entre la gente y nadie lo ve, ese ente sin reflejo en ningún espejo, ese que camina diciendo que soy yo.
Ayúdame, a salvar el abismo de la distancia, ese abismo al que ya me tiré y en el que espero amanecer despierto, hablando de una pesadilla en la que nunca conseguía llegar a ninguna parte. Mientras me intentas ayudar yo trataré de parar el tic tac del reloj y juntaré las noches con los días para escuchar tu voz, me encadenaré a tu sonrisa para vivir solo de amor, y me sentaré mirando a las nubes y podré contarle mis penas a Dios. Dame tu mano y tira fuerte de mí, para que pueda levantarme de este pegajoso barro que me ata al suelo como una gigantesca raíz. 

Este relato no es mio: Es de mi buen amigo Viejo Zorro.

ENTRE LA HIERBABUENA

ttp://www.youtube.com/watch?v=oZ0CnKk7nGM

Cuando hizo la maleta para ir a su encuentro, junto a la cómoda ropa y las zapatillas de los caminos metió un poco de hierbabuena. No supo bien por qué pero siempre le gustó el olor fresco de esa planta que tiene sembrada en su particular bosque a la que acaricia para que sus  manos queden impregnadas de su aroma.


El día resultó caluroso, más de lo que ella esperaba. Llegó un poco antes que él y se instaló cómodamente en la casa que compartían. Cuando pasado un tiempo él no llegaba, la ansiedad le hizo marcar atropelladamente su número y al oír su voz respiró aliviada, pues siempre que él se retrasa crece su ansiedad por el encuentro, ya que la carretera es esa parte del camino que a demasiadas veces se queda sin recorrer.

El trabajo les separa, los kilómetros se duplican ante la necesidad de verse más tiempo y disfrutarse de nuevo. Por eso, cuando pueden, en cuanto los días de fiesta llegan o pueden permitírselo no hay distancia posible. Se produce el encuentro como se produce entre dos polos, como los imanes se encuentran, como los amantes esperan.
Pero ahora ya estaban juntos, nadie más a su lado. Ningún compromiso les dilataba el tiempo. Nada les detenía. Los abrazos, los besos, las caricias y el éxtasis final, marcaron el rumbo durante el tiempo que compartían dos cuerpos tan desnudos como lo estaba su vida cuando no se tenían, cuando no llenaban de ternura sus vacías horas, cuando sus camas estaban sin los aromas que compartían, y…
Se llenaron de amor las paredes de su alcoba.
Se les hizo de noche entre saliva y miel.
Se les llenó la boca de risa y besos.
Se les quedó en su lengua el sabor de la piel.

Cuando amaneció, el nuevo día les cogió de la mano y los brindó al sol que ponía en sus rostros un color nuevo. Se sentían plenos y felices, llenos de amor y no querían pensar que poco después se irían de nuevo a otras urbes de ruido y un tiempo vacío sin tenerse, y sin que sus manos se tocaran y sus labios se besaran. 
Se tumbaron en la verde hierba, enfrentaron sus caras al cielo azul donde un avión silencioso fue dibujando tras de sí una estela blanca de caminos paralelos. Como los caminos que ambos se han marcado, o quizá ha sido el destino quien los ha grabado antes que ella y él.

Cuando se levantaron de la tierra húmeda y dejaron sus ojos de ver el cielo y sus oídos se alejaron de los trinos que pequeños pájaros les habían regalado cuando cada uno se dirigió a su cotidianidad, todo olía a hierbabuena.


DE MI AMIGO VIEJO ZORRO (a mi relato de LA ARDILLA) Gracias.


UN BOSQUE ANIMADO PARA CADA CUAL.


Afortunada ardilla que sin habérselo propuesto
despertó sentimiento tan bellos,
afortunada por estar frente a ese balcón,
desde el cual duelen menos los huesos
que los lamentos de un corazón.
Afortunada ardilla que trepando por un pino
y desgranando con sus manos un piñón
señalabas, sin querer, por donde vino
una historia escrita con besos
y con letras imborrables de ilusión
como una canción que en la mente halla su puesto
y suena siempre, incluso cuando no queremos.
Afortunada ardilla que tuviste en tu piel,
posados tan hermosos recuerdos
pensamientos hilados tan finos
que ni el viento invisible supo entender
porqué no pudo volar con ellos
para ayudarle a traer de regreso
lo que ellos querían traer.
Afortunada ardilla, dueña de tu rincón

Viejo Zorro.





martes, 24 de noviembre de 2009

LA ARDILLA








































Pese a lo avanzado del calendario, el sol aún calienta los lugares más fríos del bosque. A través de la ventana abierta al exterior, puedo disfrutar de los cambios de colores que me regala el otoño. Y esta mañana he vuelto a ver a la ardilla que siempre merodeó por el pino piñonero frente a mi ventana y que un buen día dejó de pasear con su rapidez acostumbrada quedándome un recuerdo perenne como hoja de árbol en mi memoria. Hoy, cuando he salido al bosque en el que paso tanto tiempo, de pronto una alegría inesperada ha salpicado de sonrisa mi despertar algo dolorido, porque al amanecer algunos huesos sin darme una explicación convincente han ido martilleando mi sueño hasta hacerme despertar. He observado atentamente la rapidez de la ardilla por la barandilla que me separa de las piedras entre las que aún corren las lagartijas por raro que parezca. Ha saltado como saltimbanqui en día de circo de rama en rama y con una destreza increíble unas diminutas manos arrancan el fruto que han ido a buscar y cuyos dientes como de sierra, parten en dos de un solo intento la dura concha que los separa del fruto dulce y tierno de un piñón, que les alimenta. Mientras mi dolor iba desapareciendo con la misma rapidez que el piñón de su envoltorio, miraba sin cesar a la ardilla que, de vuelta a casa, me ha recordado lo traicionero a veces de los afectos. Pues sin ellos no podemos vivir bien, pero con ellos, muchas veces, tampoco. Una ardilla hoy, me ha hecho recordar que no importa a quienes nos encontremos en el camino, pues si en él encontramos el amor, la amistad, la complicidad, cuando ellos no están la nostalgia es quien sin avisar, se instala en nuestro corazón haciéndonos compañía. Yo he echado tanto de menos a la ardilla que diariamente me hacía reír al verla con la rapidez con que se procuraba su alimento, como echo de menos a esos seres que se buscan la vida, lejos de mi. Esos seres que quiero y que querré mientras viva, y a otros a los que sigo queriendo aunque estén muertos. Pues hay días que parece que siguen por aquí, por el Bosque, alargando una mano hacia la mía aunque yo no la vea.
Hoy la ardilla ha vuelto de nuevo, porque en realidad nunca se fue del todo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

VENUS LITERATA


Miau, mauuu… Aprovecho que mi ama me ha dejado sola un momento en su despacho y me subo a la cómoda silla en la que pasa mucho tiempo escribiendo cosas . Ella no sabe que puedo leer, por eso cuando escribe me deja estar mirando sin parar a la pantalla de su ordenador o a los papeles que tiene por este lar y que yo me sé de memoria.

Tengo las almohadillas de mis manos en las teclas de su ordenador, y voy paseándome por las letras guardadas que tanto dicen. Sobre mí ha escrito algunas cosas y yo agradezco desde mi mundo felino estar con ella.


Sí, estoy muy contenta de vivir con esta humana mía.

Claro, que eso tiene su inconveniente, ¡porque no puedo ni echarme novio¡.

Ella dice que estos gatos que rondan por el jardín de nuestra nueva casa y marcan su territorio poniéndole perdidas la puerta de la calle y las ventanas, están buscándome en los momentos de celo gatuno, y que no piensa dejarme salir…que luego la lleno de gaticos y ella no podría separarse de ellos y no es cuestión de tener más… ¡¡jooo¡¡ Ella, para “esos días”, me da unas pastillas que cada vez me trago peor…

En fin, este es mi sino de gata casera.
Es verdad que vivo cómodamente, y cuando el celo se pasa, agradezco no estar vagabundeando por las calles ni de tejado en tejado, que eso también es malo.

Siempre hay que tener un hogar y vivir seguros.
Mi ama dice que todo no se puede tener en esta vida, ni en la gatuna….Que, el precio de no mojarse cuando llueve, ni perecer de frío y ver qué se encuentra una por ahí para llevarse al galillo, es de ser una felina privilegiada, y a algo hay que renunciar.

Paso mi tiempo dormitando y aposentándome donde me apetece. Esta casa es muy grande. Tenemos un jardín precioso, al que me temo que nunca visitaré si no es a través del cristal.
Cuando miro por las ventanas, a las que ya me he acostumbrado, veo a muchos de pájaros de un sitio para otro y a palomas que yo sé que no son mensajeras, pero lo parecen.
Hay un pino enorme frente a mí y una ardilla sube frenéticamente por él y lo va despoblando de sus piñas piñoneras. ¡Qué rapidez lleva la tía¡….Si pudiera le daría unos zarpacillos en su cocorota, por dejarnos todo hecho un asco de cáscaras.
Al poco de venir a esta casa, casi me estampo….No había yo visto aún lo que la naturaleza nos brindaba y por poco me rompo el hocico queriendo ir tras los pájaros y la ardilla. ¡¡Hasta un bigote me dejé en el empeño….¡¡¡joernreerrr¡ que topetazo¡¡.

Ahora ya sé por qué mi ama no me deja salir ni al jardín. Sabe que saldré pitando tras estos visitadores en libertad y que yo perderé la mía de gata hogareña porque puedo no volver tras el intento. Creo que no sabría regresar. Ahí afuera se debe estar bien, pero dentro vivo como la reina del mambo gatuno, y no quiero arriesgarme. ¡¡Aunque, por Bastet, que intento salirme cada vez que veo la puerta abierta¡¡.

Bueno, a lo que venía….
Deciros que me gusta mucho leeros en silencio desde mis ojos de pupilas cambiantes y aunque a lamidos quisiera borrar mis huellas en la pantalla de este aparato que tiene unos peces de colores nadando por ella, mi ama sabe de mis arrebatos literarios porque no puedo evitar que mis zarpicas impresas me delaten, ni los pelos de tres colores se queden como marcando las palabras en sus teclas.


Yo miro a mi ama mientras escribe y le hago muchas preguntas, porque que lo sepáis: las gatas hablamos mucho. Cuando descifráis nuestros maullidos, es cuando podemos entendernos.
Ella ya lo ha hecho, por eso siempre me quedaré con ella, y aunque se deje la puerta abierta, nunca me iré, porque las dos sabemos que como en la casa de una no se está en ninguna parte.


Miau, miau.











miércoles, 4 de noviembre de 2009

1 DE NOVIEMBRE












Una amiga virtual y buena escritora, opinaba en un foro de literatura sobre lo que el día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, se estaba convirtiendo entre fiestas de Hallowen con sus brujas y las calabazas por doquier. Piensa que ya todo está dando paso a un motivo más para disfrazarnos y que casi nada tiene ya que ver la celebración del día de difuntos de antaño con lo que se vive y conmemora en la actualidad.

Yo le contestaba esto, porque en realidad, también es lo que pienso, pero que quizá es algo que tenemos que hacer porque, en definitiva, el dolor de la muerte es demasiado duro como para no ponerle un poco de dulzor disfrazado.


EL MUERTO AL HOYO Y EL VIVO AL BOLLO.

Me he visto desde tus letras al lado de los gitanos poniendo las flores el pasado viernes a mi ser más querido y recordado: mi abuela.
Es cierto lo que describes. Del sentimiento y recuerdo que se vive entre los pasillos rodeados de encerrada muerte. Pero la vida, la de las flores que yo no comparto que sean llevadas en ramos que nunca antes fueron entregados al difunto cuando vivía, me hacen ver, entre las silenciosas lápidas, que el crisantemo es el que busca el lugar que le van quitando las flores de otros eventos. Pues las rosas, los gladiolos, los claveles de regalos y celebraciones, van robando el protagonismo a las flores de los muertos. Al igual que las calabazas y las brujas le van quitando su sitio a las castañas asadas y los boniatos junto al televisor y el Tenorio.
Tenemos demasiada facilidad para el disfraz. Lo mismo nos da el propio que el importado. La cuestión es vestirnos de cualquier cosa menos de lo que, en realidad, somos. Quizá sea porque fuera de nosotros mismos las cosas no son tan reales como quisiéramos. Todo viene disfrazado. Todo se compra con papel de envolver.

A la muerte, el día 1 de noviembre la vestimos del color de las flores y la iluminamos con mariposas encendidas. La rociamos con el aroma de un recuerdo que solo tiene el olor de un día. Y, después de esta celebración, la mayoría de las veces, muchas y más de las que nos gustaría, tendremos que observar como "el muerto al hoyo y el vivo al bollo".. es, en definitiva, la mayor realidad. Y para olvidar que no es la muerte la que nos deja sin vida, sino que es la vida la que nos deja heridos de muerte cada vez que alguien querido se va. Y por eso quizá se inventaron los dulces y el disfraz.

domingo, 1 de noviembre de 2009

SUEÑOS





























La cama, en soledad, hay que abandonarla cuando el acto de dormir ha cumplido su tiempo y se ha marchado dando paso a la vigilia. La vida late inexorable y, a veces, perderse un amanecer es restar al calendario vital un tiempo que no volverá. Otras veces, el sueño, ese reparador compañero, llena de fantasías las horas que en ocasiones consideramos perdidas. En las que los sentidos adormecidos dan paso a los sueños. A las esperanzas que, calladas, pugnan por hacerse voz y movimiento.

Hoy ,al amanecer, el sol ha teñido de naranja el azul mortecino del cielo y, cuando los ojos al despertar lo primero que han visto ha sido su luz, han sentido, una vez más, la vida comenzar de nuevo: al día que se ha zafado de la noche y comienza a pedir cuentas a lo que, en momentos de inconsciencia onírica han vivido porque han soñado con el amor que, callado, pide ya, sin alzar la voz, sensaciones nuevas.
Han visto, al abrir tus cerrados ojos, que tenían reflejado en sus pupilas, mi boca que se acercaba solícita a la tuya, y han sentido, de nuevo, estallar en silentes quejidos el mar de espuma blanca que, con furia, llega a la orilla de suave arena, donde ya, ni siquiera el agua que borra las huellas, puede arrastrar el peso de dos cuerpos atrapados y que, exhaustos, vuelven a dormir para soñar de nuevo.

viernes, 30 de octubre de 2009

GRACIAS



ALGUIEN ESPECIAL ME REGALÓ UN DIA ESTE DIBUJO Y SU RECUERDO.

GRACIAS. Por ser cómo eres, por tu amistad, por tu cariño.

Donde se encuentran estos paisajes nadie podrá pisar, donde se encuentran estos lugares, nadie podrá estar, donde flota serena esta barca, nadie podrá remar, donde esas sombras, se abrazan, nadie se podrá abrazar, solo tú a través de mi mente podras, llegar, de hecho allí estas.

jueves, 29 de octubre de 2009

DÉJAME SEGUIR.

Inspirado en el dibujo de Viejo Zorro.
No cortes mis alas de mariposa.
No cercenes de mis manos los abrazos.
No mancilles la tierra que alimenta.
No seas verdugo de mis sueños.
.
No, no cortes mi tallo, déjame, deja que siga.
.
Déjame que libe la miel de las miradas,
que sueñe que aún queda la esencia de las cosas.
No seas espada de mis esperanzas.
Déjame seguir con las mismas ganas.
.
Aún hay vida en nuestra casa,
y en los ojos que no engañan.
No cierres el jardín de mis anhelos,
quiero ver crecer los brotes tiernos.
.
Déjame que aún es tiempo,
de vivir la vida que tengo.
No, no cortes las flores,
aún huelen y esparcen sus colores.
.
No tiñas de negro lo que un día llenó de color lo nuestro.

A TI, COMO HOJA DE ÁRBOL



Hoy, cuando mi particular bosque ha recogido el olor a tierra mojada que el agua de lluvia le ha regalado y las hojas de los árboles caídas van desgranando los días del tiempo que sigue impasible su curso, compruebo una vez más que cuando los sentimientos son como hojas perennes, no hay miedo de que la caducidad llegue a arrastrarlos.

Y al igual que hojas de un calendario, las hojas de un árbol caduco, siguen su curso. Llegan lenta e incansables al fin que persiguen: volver a acariciar la tierra que las sustenta y en la que se posan. Llenarse de la fragancia que exhalan los frutos que han quedado sin recoger y se desprenden de su rama hasta caer, uniéndolos de nuevo.

Así, como las hojas, los frutos. y el tiempo siguen el camino que el destino les dibuja, yo iré anotando las fechas que faltan para volver a caer en tus brazos.

martes, 28 de abril de 2009

LA LUNA DE LOS SUEÑOS







Tenía 7 años, tez morena y el pelo ensortijado. Le gustaba dormir acurrucada junto a su madre desde que su padre decidió dejarlas solas a las dos. Sin decirles nada, un día se fue y nunca volvió a su lado. Pero ella, niña feliz como pocas, creció rodeada de mimos y caricias y su abuela materna se convirtió en su hada madrina.

Jugaba a esos juegos de niñas donde hacer de tendera era adquirir destreza en el manejo del lapicero, porque escribía las deudas que dejaban las pobres gentes que compraban sin un real. Todo lo anotaba en una libreta de rallas, y un lápiz de dos colores, el azul y el rojo, marcaba el debe y el haber de una tienda imaginaria cuyos comestibles no existían y los productos de limpieza eran trozos de jabón de sosa y lejía “el conejito” que había cogido prestados del lavadero.

En el mostrador había una balanza de sueños cuyo nivel siempre daba un poquito de más cuando vendía supuestas patatas y el azúcar siempre era como oro molido para endulzar calientes tazas de leche en polvo desecha en ilusiones.

Cuando cerraba la tienda y colgaba la bata de tendera, subía los escalones de dos en dos, y, pronto, la escalera de peldaños de rojo ladrillo, dejaba atrás un mundo de fantasías y daba paso a la verdadera razón de sus sueños.

Soñaba que subía a la Luna. Era su juego de la noche. No se explicaba como, allí arriba, en el cielo cuajado de estrellas, lleno de nubes, unas veces blancas como algodón y otras ennegrecidas por un temporal, se había ido a vivir Ella, dueña de semejante belleza que solo se dejaba ver de vez en cuando.

La Luna.

La habitación de su cuarto tenía una ventana cuyo alféizar era tan grande que le permitía sentarse en ella, agarrarse a los barrotes de la reja y, con los ojos dirigidos hacia el infinito cielo, deshojarse mirando las noches de Luna Llena.

Todo era magia y misterio para ella, cuando la Luna, altanera y bella, asomaba y todo lo convertía en claridad cuando largas sombras se dibujaban dando paso a ilusorias figuras y le brindaba la posibilidad de salir sin miedo al patio cuando las gallinas ya dormían, pero donde los gatos maullaban de celo esperando que otro igual los poseyera.
Noche oscura que dejaba al negro miedo agazapado porque el brillo de Ella lo anulaba.

Y ella, con sus pequeñas manos aferradas al frío hierro de su ventana, canturreaba una canción de niños y se dormía apoyando la cabeza de ensortijado pelo, y soñaba.

Luna, lunera, cascabelera, debajo la cama, tienes la cena…

La pelota de colores golpeaba la pared de yeso. El vestido blanco con un lazo rojo en la espalda, se abría como un abanico dando aire a la Luna, cada vez que giraba sobre si misma para recoger la pelota en el último lanzamiento y para que no botara en el suelo.

Corría luego por su jardín de sueños. El estanque donde se paraba expandía en olas el agua que reflejaba el brillo de su cara. Sus puntos oscuros eran los ojos y la boca. La sonrisa del niño que se había tragado la Luna y la mancha más grande; el burro con el haz de leña que ella no dejaba marchar.

Cuando despertaba y dejaba de soñar, siempre se preguntaba lo mismo: ¿Cómo podré subir a verlos y jugar con el niño? Se repetía.

-¡¡Ya está¡¡. Ya sé como iré a verlos. Cómo iré a la Luna. Ella siempre está ahí, arriba. Y no dejará que me pierda. Iluminará mi paseo y seguro que enseguida encontraré el camino que sube a su casa. Iré corriendo para llegar antes y, cuando llegue, entraré sin llamar, pues sé que la Luna no tiene puertas. Ni ventanas. Solo tiene ojos que miran hacia la tierra-.
-¡Decidido¡ me voy a la Luna,- se dijo alborozada.

Subida a una silla, se izó de puntillas y cogió de un clavo oxidado de la pared una bolsa de colores. Tenía unas asas rosas y su gastada tela estaba cuajada de diminutas florecillas. Dentro puso un ramillete de margaritas que acababa de coger de un tiesto del patio de su casa y un trozo de pan blanco con una onza de chocolate.

Salió a la calle canturreando y comenzó su aventura de subir a la Luna.

Luna, lunera, cascabelera, debajo la cama, tienes la cena…

Daba saltitos de alegría. La bolsa de tela floreada acompañaba el vuelo de su vestido y sus zapatillas blancas se iban oscureciendo al salpicarse de tierra.

Y corría, corría…

Se adentró sin darse cuenta en la frondosidad del parque. Allí había jugado muchas veces. Se había columpiado y, un día, aprovechando que hizo un recado a su vecina y ésta le dio una moneda, pudo comprarse un helado en el carrito que siempre estaba cerca del estanque.
Pero ahora, incompresiblemente estaba sola. Siempre había mucha gente paseando y descansando en los bancos de piedra. La algarabía de los niños corriendo tras un aro más rápido que ellos. Mamás empujando carritos de bebé. Globos que huían de sus hilos. Palomas picoteando migajas de algún bocadillo. Y ahora, estaba sola.

Se paró en seco. El resplandor plateado que frente a ella se manifestaba, le dejó con la boca abierta. La bolsa de asas rosas y florecillas diminutas cayó al suelo y las margaritas se esparcieron por el suelo. Solo el pan y el chocolate parecía que no hubieran sido testigos de semejante tribulación.

La luz se acercaba lentamente hacia ella que, con sus ojos llenos de asombro, miraban extasiada

Y acercándose a refrescarse la cara al agua que ante ella se movía, vio con toda nitidez que esa luz reflejaba su color de plata en el agua del estanque, y, al meter la mano para tocarla, una suave brisa le meció su ensortijado cabello y una voz dulce y melodiosa brotó del agua.

-Soy yo, la luna lunera, cascabelera, y vengo para ir contigo a buscar mi cena. Se que está escondida bajo tu cama y que noche tras noche, me dejas un plato para que yo lo tome-

-Estaré soñando-, se dijo sin dejar de mirar el reflejo de la Luna en el estanque. Pero la Luna, salpicando de luz su cara, salió del agua para llevarla, cogida de la mano, a su morada.

Por el camino de piedras blancas, y sin que la niña supiera muy bien qué le pasaba, le salió al encuentro como si fuera una aparición, su amigo, su guía de noches blancas que por la Luna se iluminaban.

-¡Hola gato guapo¡ cuanto tiempo que no venías a verme, pero ven, sigue a mi lado y verás que es verdad todo lo que te he contado: La Luna, lunera, cascabelera, ha venido a cenar conmigo porque debajo de mi cama, tiene su cena.

¿Quieres cenar con nosotras?

El gato, que junto a la niña pasó bellos momentos y a la Luna miraban en noches claras contándose historias, se puso a su lado y, sin dejar de mirarlas a las dos caminó feliz de haberse encontrado de nuevo con ellas.

La Luna, más brillante que nunca, los seguía.





sábado, 18 de abril de 2009

LOS IMPOSIBLES POSIBLES


Me llegas como agua de mayo que deja en mi rostro una caricia de alientos que siento míos.
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Eras aún ese desconocido al que amé sin más miedo que el de no entregarme por entero y con el atrevimiento de abrazarme a una piel curtida en otras añoranzas.
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Hoy, que he vuelto a mi rutina en un tren por raíles de esperanza, me ha acompañado música de pianos y guitarras, y en la noche de nuevo fría donde la lluvia me ha recibido con un saludo de recuerdo, me he dormido abrazada a la almohada y te he sentido susurrándome de nuevo, y he visto, pasando ante mis ojos, la mirada de los tuyos rota en un abrazo.
Al despertar, he sentido una caricia traída por el sueño que me ha evocado lo que vivimos y se me ha hecho presencia el sentimiento de lo que fuimos.
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Sin tiempo ni fechas, sin calendario que marque los días y noches en larga espera, ni siquiera las ilusiones de un mañana.
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Serás y seré, aquello que el fluir de la vida quiera.
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Yo no renunciaré ni a mi soledad ni a mi alegría. En ellas llevaré la alforja de mis carencias y las querencias que mi corazón presienta.
Tú podrás dejar la cercanía de tu rostro y la sonrisa clara sin que yo la pierda, porque ni los límites de tu corazón o de la razón contigo, usurparán la fuerza que me intuyo.
El bagaje de mis sentimientos será la senda diaria, con todas las distancias posibles y los imposibles no correspondidos.
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Te llamaré en la algarabía de mis silencios rotos.
Invocaré tu nombre y me acurrucaré entre alegrías y lamentos y mi entenderme inquieta.
Estrecharé tu recuerdo sin que me pueda.
Te amaré como a la vida.
Me sentirás porque me tienes.
Susurraré la cercanía que se me antoje, y escupiré la soledad que me devuelva, y me entregaré rota y sosegada a la ilusión de un nuevo día.
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Y serás y seré, aquello que el fluir de la vida quiera.


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