domingo, 28 de febrero de 2010

PALABRAS HABLADAS (reflexiones de madrugada)

Ayer escribía sobre las palabras calladas, las que no necesitan hablarse, las que se van formando desde el corazón y la imaginación. Palabras que se convierten en relato. Real o fingido. De fantasía o terror. Palabras que se van enlazando para darle forma a la historia que queremos crear, al cuento que queremos forjar…

Pasa el tiempo, pasa la vida. Con el transcurso de los años, cuando ya no se tienen ganas de salir hasta las tantas a tomarse unos tragos o ligar un rato. Cuando la noche es el refugio de uno mismo y no el peregrinar en busca de nada. Cuando la reunión con amigos es un punto de referencia con el ayer que sigue latiendo en el presente y, cuando, como hoy, diez personas, conocidos de siempre e ignorados a ratos, alrededor de una mesa al calor del fuego y la comida condimentada, hemos departido de todo un poco y de nada en concreto. Cuando ha sido agradable la sobremesa,  la cena frugal y los efluvios de algún trago de más  a alguien le han dado ganas de bailar un rato. Yo, desde mi rincón, escuchaba más que hablaba, porque comprobada, una vez más que, en realidad, si intentamos escuchar cuando un grupo se encuentra y alguien quiere imponer su palabra, no nos podemos escuchar de tanto esfuerzo que hay que hacer para escucharse.

Demasiadas veces las palabras que no se callan, las descuidamos en exceso. No les damos cadencia y lírica. No van precedidas de ritmo y pausa. No son habladas. Más bien las lanzamos y forcejeamos con ellas para que lleguen al interlocutor de enfrente como un dardo a una diana.

Como ayer decía. Las palabras tienen demasiada fuerza. Por eso no deberíamos gritarlas porque corremos el riesgo de desbocarlas.

Yo no soy parca en palabras. Al contrario; hablo y hablo, sin hacer honor a mi apellido que me aconseja silencio. Pero, poco a poco, y debe ser cosa de la edad,  cada vez me cuesta más entender y que me entiendan entre fuegos cruzados de palabras habladas. Y, cuando el silencio vuelve  a mi lado y se hace letra, debo, en honor a la verdad, decir que las prefiero calladas.

sábado, 27 de febrero de 2010

PALABRAS CALLADAS.

No supe la fuerza que tenían hasta que  llamaron a mi puerta. Tras la mirilla, se adivinaba la silueta de  las palabras que pugnaban por entrar. Antes de abrir, miraba recelosa hacia la imagen que formaban y, tímidamente, fui hacia ellas preguntándoles en voz queda qué buscaban de mí. – Abre, déjanos pasar y lo sabrás.-  Una especie de prevención me susurró que tuviera cuidado porque sabía que las palabras podían ser muy convincentes. Había oído que muchas veces ellas eran a partes iguales, culpables e inocentes, reconciliadoras y provocadoras. Igual limaban asperezas que urdían tretas para, una vez organizadas, ganar batallas o perder una guerra. Todo eso se arremolinaba en mi cabeza mientras me decía que las palabras, si yo no las ofendía, nada podrían contra mí. Porque también era conocedora desde que aprendí las primeras letras y formé con ellas palabras, que las palabras formaban ideas y las ideas motivos…Y, así, mientras me unía a ellas que eran vida y secretos, silencios y gritos, me decía a mí misma que yo las podría dominar. Que las palabras no serían causas sin efectos y que, al no ofenderlas ellas serían aliadas y no enemigas. Poco a poco les fui facilitando el acceso y, como si me conocieran de toda la vida, se asentaron en mi espacio, se acomodaron a mi lado y me brindaron su amistad.
Yo, cautelosa, pese a que ensayaba con ellas modos y formas cuando las iba revistiendo de cadencias para que no se ofendieran, y les dedicaba dosis poéticas entre susurros, tenía dudas de si ellas, tarde o temprano, me abandonarían.

Ahora, cuando llevan a mi lado lo suficiente para comprobar que, lejos de ser visitantes incómodas, son las compañeras inseparables de mis sueños o quimeras. Que son la forma y el fondo. Insinuación y anhelo. Sentimiento y tentación. Confesiones entre sonrisas y lágrimas…
Cuando las palabras reclaman su sitio, sólo tengo que dejarles que, silenciosas, me digan lo que quieren contar.

miércoles, 24 de febrero de 2010

MIENTRAS NOS COMEMOS .


La hora de la cena.
No tengo hambre, solo ganas de comerte a besos.
De beber el zumo que destilan tus labios y de sorber poco a poco el sabor de tu desnudez.

En la mesa, aún permanecen las migajas del desayuno. Allí se quedaron cuando después de tomar el café con leche edulcorado con el aroma que ha destilado el placer, fuimos a dormir la laxitud del deseo.

Al medio día, el mantel conservaba las arrugas que le han producido nuestras caricias. Cuando te he servido el plato frugal de las verduras que han puesto un toque de color a nuestras ganas, tú, has estirado la mano para coger el pan, pero era lo que yo creía, pues ha sido mi pecho asomado a la rendija de mi escote, quien ha sido recorrido con la suavidad de tu lengua inquieta.

Saboreando el té de la tarde me decías al oído lo que me extrañas, o eso he creído entender, porque el ruido del agua en ebullición me desviaba al dulzor de la miel de tus besos.

Y, ahora, ha llegado la noche, y aquí estoy, esperando que las ganas de comerte a besos, se sacie al arrimar la silla a la mesa donde me esperan los recuerdos hechos viandas.
http://www.youtube.com/watch?v=nfejripd4Pk

NOCHES SIN TI

De nuevo la noche fría y oscura, sin el tacto de tu piel junto a la mía. Sin el cálido aliento en mi nuca que  me llena de caricias  y salpica mi cuerpo de rocío. 

Quiero dormir para sentirte mío. 
Voy a santiguarme de deseos.
Rezaré la letanía de tus besos.
Y mañana, al despertar, serás el Credo de mis sueños.

lunes, 22 de febrero de 2010

AMANECER



La noche se agazapa tras las manecillas del reloj que, frente a mi, marcan la hora en que comienza un nuevo día.
Es temprano, pero tarde para mi que ya debo irme a dormir. 


A soñar.

La lluvia ha sido de nuevo la visitante asidua  del bosque que  ha ido llenando de gotas frías todo lo que ha quedado bajo su dominio, y sigue soberana en la madrugada que no se escapa de su posesiva presencia. Es la lluvia la que va formando charcos donde se reflejan las sombras que esperan a la mañana, y ríos que se desbordan ante el empuje de sus lágrimas.

Ahora, voy a sucumbir al embrujo de la fuerza  oscura que no ha amanecido al nuevo día.

Porque yo aún no he dormido la noche.

La cercanía del Bosque de Noah, me ha permitido divisar la estampa que nos regala el entorno mágico de la Naturaleza.

 


miércoles, 17 de febrero de 2010

CUANDO SE TIENE UN RESFRIADO



Cuando se tiene un resfriado, los ojos llorosos, la nariz taponada y la cabeza en otro sitio; mi abuela me dejó una receta: Agua caliente con miel y limón, que hay preparar con Amor, Amistad, Esperanza y mucho Calor.

Posología: Cójase un recipiente al que se le añade un poquito de agua,  unas gotas de ilusión, algo de azahar y un toque de canela.

Todo ello se pone encima de la mesita de noche (y de día, que al amanecer sigue siendo la misma). Mientras el sueño nos llega debemos imaginar que la sonrisa que al otro lado se dibuja, la pone la cara de quien nos canta bajito. ""Duerme amor, que yo estaré a tu lado. Duerme corazón, que mañana te estaré esperando""

El olor del azahar, junto con el toque de canela y las gotas de limón, hacen que la ILUSIÓN se sienta como real.

Y así el malestar desaparece, y el sueño nos lleva al lado de quien nos mira con una sonrisa. Y  la Ilusión y la Fantasía cogidos de la mano soñada nos hacen amanecer, sabiendo que un día no muy lejano los sueños pueden hacerse realidad.

martes, 16 de febrero de 2010

DON CARNAL

Sin disfraz, con una blusa blanca abrochada a la espalda y una falda de cuero rojo, las medias negras y los zapatos de medio tacón eran, junto al perfume elegido ese día, el complemento de su cuerpo expectante.
Los rizos de su pelo caían sobre los hombros donde reposaban también la responsabilidad y las dudas.

Martes de Carnaval.

La noche era de febrero y baile, donde las máscaras serían la identidad que vistiera la rutina por unas horas, pero pensaba ducharse y relajarse en el sofá   y encender el televisor que la dormiría junto al calor de la chimenea, cuando el teléfono puso el ring, ring, de la oportunidad.

Le costó decidirse, pues la noche fuera era húmeda y ella ya había adoptado la postura relajante y cómoda ante las llamas que la envolvían en su fuego de pasión imaginada.

Enseguida se despistó de su amiga, cuando ésta, en la pista de baile daba rienda suelta a la cadencia de la música que el Carnaval  vestía de ritmo.

De pronto apareció a su lado. Eran amigos desde hacía años, y, durante mucho tiempo, ella siempre  decía no.

Mientras tomaban un whisky escocés con hielo, los ojos eran besos y el silencio deseo. El no volvía a la pregunta de siempre. Hablaron y rieron, departieron de casi nada, al menos en importancia. Y, de pronto, el ¿vamos? fue correspondido con la misma seguridad de la duda.

Cuando llegaron a casa de él, un aroma a besos en espera y abrazos aderezados con pasión se esparció entre el éxtasis mezclado con timidez reverencial, y la alcoba cálida donde se agazaparon las sombras del miedo y la culpa, fue testigo del placer reflejado en el espejo  que los albergaba en su complicidad.

El siguiente día, amaneció de un ocre raro, distinto. Como si una tormenta se hubiera fraguado sobre la noche, poniendo color de incertidumbre a lo que compartieron, y ella pensó que sería Doña Cuaresma  quién vistió de reproche a Don Carnal.


Pero, durante mucho tiempo, y aún hoy, que han pasado demasiados años y causas con sus efectos sobre su paralela existencia, el recuerdo de lo que vivieron y gozaron en silencio, sigue latiendo en cada mirada que aún se regalan  bajo el disfraz con el que se va vistiendo la vida.


 




lunes, 15 de febrero de 2010

NIEVE EN EL BOSQUE

Temprano reclama la gata mi atención. 
Como cada mañana cuando el jamón dulce tira de su recuerdo y espera que el sabor de la leche le alivie de la sequedad de la noche.

Le dan igual los sábados, los domingos y las fiestas de guardar.

Pese a tener siempre la comida en su sitio, es ella el reloj que pone la primera nota de despertador, y decide que es la hora de comenzar.
Subida a la almohada, su zarpica  roza mi nariz y su cara  pegada a la mía con el cálido maullido que entiendo de buenos días, hace que salga del mullido edredón cuajado de huellas y caricias de embozo.

El día se repite en el ¡¡vamos, Venus¡¡…y el salir de ella tras de mi con su trote gatuno.

Antes de que la primera visita sea el frigorífico para entregarle el sonrosado jamón York que ha venido a reclamar, la penumbra de la habitación abandona su calidez nocturna cuando la persiana, que sube con pereza  ante el bostezo inevitable que la acompaña, nos permite ver que de nuevo la nieve ha hecho acto de presencia. Ya es la quinta visita que este año nos hace llenando el bosque de blancura algodonada.

El blanco cielo, va recortando las figuras de los pinos que van vistiéndose con el manto suave de la nieve, presintiéndose desde el interior la frialdad de su envoltura.
La gata, subida a la mesa donde se forjan nuestros sueños de letra y sentimiento, se asoma a la ventana poniendo en sus ojos la curiosidad  que el asombro le dibuja.
Sabe lo que pasa, me mira a mí y luego vuelve a mirar por la ventana y maúlla preguntas de distintas tesituras que intento descifrar, mientras le digo: ¡vaya, gatita, de nuevo vuelve a nevar¡…y ella, que lo ha notado antes que yo, va deslizando sus ojos que se reflejan en lo míos, a la blancura nívea del exterior.

La nieve cae oblicua y copiosa.

Enfundada en un abrigado anorak, salgo fuera a respirar del aire fresco  donde me voy tiñendo de lunares frágiles que se derriten al instante, mientras otros copos se hacen rebeldes en el  refugio impermeable en el que me envuelvo.

He olvidado lo que me ha sacado de la cama tras el roce suave de unas almohadillas en la nariz que han escondido las uñas para no dañar. Cuando desde fuera miro hacia la ventana, la gata que pega sus bigotes al cristal, me mira con incredulidad y reproche, pues es la nieve la que ha tenido prioridad a su deseo y me lo recrimina.
Cuando la veo así, la risa estalla en mi boca dejando salir un hilo de vaho que se enfrenta al helor de la mañana, y, corriendo, entro de nuevo y a la orden de  ¡¡vamos, Venus¡¡  la gata vuelve a trotar saliendo tras de mi a por su preciado desayuno.

Yo me he preparado también el mío para que ninguna de las dos desayune sola.








































domingo, 14 de febrero de 2010

SAN AMOR DE LOS GATOS


Si ayer escribía sobre San Amor para descargar a vuela tecla lo que mi corazón dictaba en relación a la celebración del 14 de febrero, hoy, cuando mi gata duerme sobre mi regazo después de haberse pasado el día en un ir y venir ante los maullidos  de los gatos en celo que  rondan por este nuestro bosque,  sin una gata que llevarse al huerto del placer, y para los que no hay San Valentín que valga, me he dicho para mis adentros, ¡¡¡anda,¡¡ y por qué los gatos no tienen Santo al que achacarle su amor felino?...

A estas horas en las que quizá ya debería prepararme para arrebujarme en los brazos de Morfeo, -por eso de estar enamorada- y cuando desde el exterior el deseo sigue marcando el territorio del dominio de mi queridísima gata, y el mío, claro, que para eso vivimos juntas,  he caído en la cuenta que, o yo lo desconozco, o los gatos enamorados hoy no tienen Santo que los avale aunque también tengan su corazoncito y su deseo carnal...Pero claro, a nadie se le ha ocurrido pensar, digo yo, que los gatos puedan disponer de efectivo para hacerse regalos o invitarse a cenar,  Que no suelen mirar los escaparates porque a buen seguro que saldrían tras ellos con la escoba en alto o les chumberían al perro, O que no ven la televisión.

En fin, triste realidad. Porque reflexionemos:…y lo digo en plural, por si algún despistado se desvía del camino y se adentra en el Bosque Animado, y se anima…O sea, que lee…

¿Por qué los gatos enamorados no tienen un San Valentín de los Gatos?...Pues una sencilla conclusión para mí. Porque los humanos somos unos discriminantes, discriminadores, o qué discriminamos, para decirlo sin discriminación de ningún tipo. Porque somos egoístas y sólo queremos la pompa y el boato para nosotros. Porque pensamos que los gatos no necesitan tener un día para conmemorar que se han enamorado. Y, si no les podemos dar el monedero, deberíamos  hacerles un regalo en este hermoso día. Puede ser un lazo o un cascabel. Un trasportín nuevo con lentejuelas. Un cepillado de pelo en la peluquería gatuna. Un comedero brillante. O unas simples sardinas que puedan compartir en compañía,…Pero que va, pensamos que los gatos no tienen corazón.

En fin, yo concluyo hoy que está amaneciendo en el día en que los enamorados le agradecen a un Santo su enamoramiento, que existe un agravio comparativo entre la humanidad enamorada y el celo felino.

Tendré que escribir al Corte Inglés a ver qué opina de ésto.


viernes, 12 de febrero de 2010

SAN AMOR


Siempre he estado enamorada. Al menos es lo que yo creo, si enamorada se entiende por sentir amor por las cosas, por la vida.

El concepto vida, es extensible a la de pareja, y a esos amores que  me han dejado huellas de caricias indelebles en cada poro de mi piel y que aún huele a los roces de otras pieles en la mía. 
Amores que permanecen porque se hacen fuertes en el recuerdo y crean un enlace de pasión entre las venas donde palpitan aún los besos que doy y me devuelven llenos de lascivia.  

Nunca he celebrado el amor con corazones de plástico ni flores que se marchitan tras el primer deseo. No hay en mis amores vividos un San Valentín de comercio y pago en los abrazos que me dejan la piel marcada  por espasmos de placer, ni salí a celebrar fuera del reducto de mi casa el día de los enamorados, porque el amor no es cosa de un día, y porque siempre pienso que las cosas que se tienen que conmemorar son aquellas que no tienen destinado un lugar preferente en ninguna parte.

Quizás yo esté equivocada y acertadas las personas que el 14 de febrero envuelven con celofán el deseo y las caricias dejando a veces escondido el desamor… 
Quizás sea bueno celebrar una vez al año que se está enamorado y la esperanza por su continuidad aceche en el descorche de una botella o el envoltorio de regalos de ida y vuelta entre enamorados que llegaron revestidos de reclamo tras los cristales adornados de un  escaparate.

Quizás haya tantos quizás para celebrar que se está enamorado que yo ni sepa contarlos.

Pero es que yo estoy enamorada y no puedo ni quiero celebrarlo cada catorce de febrero.


Quiero que el amor siga llamándome con deseo aunque para gozarlo tenga que pactar con el tiempo y  la ilusión viaje en una maleta. 


Quiero que el Amor sea una fiesta cuando estalle de placer hasta que  no me queden fuerzas para repetirlo. 


Quiero que el Amor me deje escrito en el alma que hay una importante razón para no tener que un día de mercado celebrarlo. 


Esto es una declaración de amor al amor, al deseo, al sentimiento y al recuerdo para aquellos amores que han existido y están en mi vida. Un recuerdo de un corazón que, en cada latido, tiene grabado el latido de otro corazón, en cada abrazo sentido, en cada beso de pasión, en cada rincón donde el amor ha sido vivido y vívido.









jueves, 11 de febrero de 2010

LA NOCHE DESNUDA

http://www.youtube.com/watch?v=l5WcpNd9K3s



En otro lugar el Bosque Animado tiene otra puerta abierta. Allí un buen amigo se asomaba a rimar, a dejar sus impresiones y los sueños antes de irse a acostar. También cuando despertaba, de día y sin hablar. Allí dejaba su impronta y hoy la he ido a buscar.
Gracias amigo. Por todo y por escribir cosas en el Bosque.

Nunca en el bosque animado, nadie se animó tanto como para desnudar la noche y no sé porqué, pues la noche como cualquier bella dama vestida, mas bella desnuda es, por esa razón los grandes pintores las pintaban desnudas cuando estaba prohibido así mostrarlas. 

Pienso que en este bosque animado, las noches son las dueñas de la magia, ellas bailan desnudas arropando a quien en ellas voluntariamente se pierde y desnudando uien vestido se quiere ver, regalan amor a quienes lo buscan y penas a quien las huye, son el manto ideal para quien se quiere perder y una trampa para quien perderse teme. 
La noche es el techo del bosque y con el día se desvanece. En este bosque animado espero siempre el anochecer y cuando la oscuridad me envuelve, los tímidos sueños de un soñador, vuelan libres y sin permiso de su dueño, llaman a la puerta de quien yo no puedo llamar. 

Feliz noche desnuda para todos los que el bosque animado quieran visitar. 

Viejo zorro.






DE NUEVO EL AMOR

http://www.youtube.com/watch?v=s3DP-3WBL00


Hacía tiempo que el sexo era algo relegado. Los últimos tiempos habían desencadenado a su lado situaciones que, como poco, hacían que su deseo se perdiera entre las cóncavas paredes de su pubis vacío de sensaciones.

Tiempo atrás su cuerpo le regalaba placeres y sus labios se entreabrían entre besos húmedos como su sexo. Un mar de sensaciones mojaba su cama y sus deseos. Y, de pronto, el miedo, el vacío de las palabras y él, lleno de mentira y tedio, la obligaban a replegarse hundida y fría.

Pero el tiempo que inexorable en su caminar observa pasar la vida, le ha vuelto a entregar caricias nuevas.

De nuevo el amor ha anudado el corazón a sus abrazos. Le ha devuelto las ganas y las ansias y cuando el éxtasis la sacude por entero solo oye su agitada respiración que remueve sus entrañas impregnando sus sábanas blancas.



miércoles, 10 de febrero de 2010

SUEÑO DE MARIPOSAS

http://www.youtube.com/watch?v=PHkCmtOI6u0












Debería estar ya durmiendo,  pero algo me retiene pegada a la página en blanco de la noche.
En el exterior de mi cálida habitación, el viento suena huracanado y es cuando la soledad se vuelve compañía entre mi calma y la furia de fuera.
La lluvia va cayendo y sus lamentos al encontrarse desviada por la fuerza que la empuja, son como los pensamientos que pugnan por salir y ser eco de mis ansias. Pero es la letra, silenciosa y cauta, la que se asoma tímida a las ventanas abiertas de mis manos que esparcen sigilosas las huellas de  palabras  que no se hablan.

Pero ahora, en este preciso instante, cuando ruge con rabia la oscuridad, voy a dejar que el sueño me cobije y se haga mariposas que revoloteen silenciosas junto a mi almohada.

Mañana,  será otro día.












El exterior se ha vestido de negro y convierte a la noche en ruidosa y fría.
A lo lejos, las ventanas reflejan la vida que aún no duerme, aunque pronto se irán cerrando y la oscuridad habrá llegado cuando el sueño apague las luces.
En la almohada quedarán atrapados los pensamientos del día cuando los colores oníricos vistan de fantasías mis quimeras y yo podré ser Ninfa o Rosa, Caballo o Estrella, Mujer o Viento...Podrán ser los ojos y las manos mariposas y quizás los dedos se vuelvan alas y mis labios queden abiertos  buscando un beso en el vacío de la alcoba.

Quizás al amanecer todo se cuaje de imposibles y palabras rotas, cuando las sombras de la búsqueda me acechen apostadas en las esquinas de mi cama, o, es posible que sea mi risa la que me arrope  y esconda las tristezas que surgirán con la mañana,  pero...

Es  la noche quien me hace suya llenándome de sueños que ponen en mis  ojos y en mis manos mariposas.

martes, 9 de febrero de 2010

LA BELLEZA DE LAS FLORES













http://www.youtube.com/watch?v=7sk0FioDlPw

Salgo al Bosque donde las rosas se han quedado hibernando y esperando que el sol caliente de nuevo la faz oculta que pronto renacerá ante mis ojos. Pero en su escondida existencia, sé que ahí están,  junto al tallo mortecino que las sustenta.

Sólo tendrá que llegar la Primavera para ver de nuevo producirse el Milagro de la Naturaleza.





lunes, 8 de febrero de 2010

MI HANSEL Y GRETEL PARTICULAR

El famoso cuento Hansel y Gretel de los hermanos Grim, dio paso a este otro que , a través de un taller de escritura en un Foro de Literatura,  debíamos rehacer como entendiéramos, para que, después de ser corregido, se determinara si teníamos o no, capacidad de redacción y creación literaria:
Así me quedó...Por cierto, me pusieron 5 estrellas: O sea, que gustó al responsable del taller, que, por otra parte, era exigente donde los hubiera. Sólo me hizo unas pequeñísimas correcciones de tiempos en el relato y poco más y la edad narrativa del personaje...Ya que se supone que un niño no tenía tal capacidad para discurrir  o plantear soluciones  y comportamientos.

Esta es mi versión donde la protagonista aquí es Gretel, la chica. Quise dejar claro que las mujeres no somos tan débiles como aún a veces nos consideran algunos...

Hola amigos, soy Gretel, quiero contaros un poco la historia de mi vida junto a mi hermano Hänsel.


Hubo un tiempo en que vivíamos en un bosque muy grande  junto a mi padre y su esposa, nuestra madrastra, pero pasábamos mucha hambre ya que  nuestro padre no ganaba lo suficiente para alimentar las cuatro bocas de nuestra familia.

Una noche mientras intentábamos dormir pese al hambre, oí a mi padre como le decía a mi madrastra. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar a los pobres pequeños, puesto que nada nos queda?
Ella le contestó que tenía una buena idea. Consistía en que de madrugada nos llevarían a mi hermano y a mí al bosque. Encenderían un fuego, nos dejarían un trocito de pan y luego sin que nos diéramos cuenta nos dejarían solos y se volverían a su trabajo. –como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libramos de ellos- dijo sin un ápice de tristeza en sus palabras.
-¡Por Dios, mujer¡- le contestó mi padre. Eso no lo hago yo ¡Cómo voy a cargar sobre mí el abandonar a mis hijos en el bosque¡ No tardarían en ser destrozados por las fieras.
Ella, le gritó diciendo: ¿Quieres, pues, que nos muramos de hambre los cuatro? ¡ya puedes ponerte a serrar las tablas de los ataúdes¡ y siguió  importunando a mi padre que no tenía valor para negarse, pues ella siempre le amenazaba con abandonarle, y  él, sollozando, accedió.

Mi hermano no entendía bien lo que pasaba, pero al oír lo de los ataúdes se acordó de nuestra mamá cuando murió y comenzó a llorar.
Le dije a Hänsel que no se preocupara, que confiara en mí que yo no consentiría que le pasara nada malo. Velaría por él como lo habría hecho nuestra madre.
Cuando los viejos estuvieron dormidos, me puse una chaquetita encima del camisón y salí a la calle por la puerta trasera. Esa noche brillaba una luna esplendorosa y pude ver sin problemas los guijarros reluciendo como plata pura que estaban delante de la casa. Una vez que llené con ellos los bolsillos volví al cuarto y le dije a Hänsel:  -Mañana, cuando ella entre en la habitación a levantarnos no digas nada de lo que hice anoche-.
A las primeras luces del día, nuestra madrastra entró en la habitación y nos gritó a Hänsel y a mí: ¡vamos holgazanes, levantaos¡ Hemos de ir al bosque a por leña- y dándonos a cada uno un pedacito de pan, nos advirtió que con él tendríamos para todo el día, pero si nos lo comíamos antes no nos daría más-. Puse a Gretel el pan debajo de su gabán, porque yo llevaba los bolsillos llenos de piedras, y emprendimos los cuatro el camino del bosque.
Al cabo de un ratito de andar de vez en cuando me volvía para mirar hacia la casa. Mi padre decía: -Gretel, no te quedes rezagada mirando atrás, ¡atención y piernas vivas¡
-Es que miro el gatito blanco, que desde el tejado me está diciendo adiós-
Pero lo que yo estaba haciendo no era mirar al gato, sino ir echando las blancas piedrecitas, que sacaba de los bolsillos, a lo largo del camino.

Cuando estuvimos en medio del bosque, dijo nuestro padre:
-Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego para que no tengáis frío.
Mi hermano y yo reunimos un montón de leña.
Mi padre y nuestra madrastra prepararon una hoguera, y cuando ya ardió con llama viva, ella nos dijo que nos pusiéramos al lado del fuego que ellos se iban a recoger leña, y que nos recogerían cuando terminaran.
Después de comernos el pan, y gracias al calor del fuego Hänsel y yo nos quedamos dormidos y despertamos cuando ya era noche cerrada.
Hänsel se echó a llorar, y dijo:-¿Dónde está padre? ¿Cómo saldremos del bosque?, Tengo miedo- Pero yo le consolé y le dije que esperaríamos un poquito más hasta que la luna estuviera alta en el cielo y que vería como encontrábamos el camino.

Después de un rato abrazados, cogí a Hänsel de la mano y anduvimos toda la noche bajo la luz de la luna que hacía brillar las piedrecitas arrojadas y nos condujeron a nuestra casa de nuevo.
Cuando llamamos a la puerta, la cara de nuestra madrastra al abrirla, era de rabia, y con mal fingido apuro, dijo: -¡Diablo de niños¡ ¡Donde os habíais metido, creíamos que no queríais volver- .
Cuando mi padre salió a ver que eran esos gritos, se abrazó a nosotros con lágrimas en los ojos, pero se le notaba en su rostro la alegría por tenernos allí de nuevo.


Cuando los viejos se durmieron, Hänsel me dijo que esta vez él cuidaría de mí y salió de la habitación con intención de proveerse de guijarros como yo hice tiempo atrás; pero no pudo hacerlo, pues nuestra madrastra había cerrado la puerta. Pero me dijo: -No hay problema, Gretel, durmamos tranquilos que si Dios quiere saldremos también de ésta-
A la madrugada siguiente ella entró de nuevo en la habitación y dándonos un pedacito de pan, más pequeño aún que la vez anterior. Nos gritó que había que salir a por leña.
Camino del bosque, Hänsel iba desmigajando el pan en el bolsillo y deteniéndose de trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. Ella nos condujo aún más adentro del bosque, a un lugar donde nunca habíamos estado antes. Encendió una hoguera y nos dijo:
-Niños, después de comer echaos una siestecita, que cuando hayamos terminado, volveremos a recogeros-.
A mediodía, partí mi trocito de pan con Hänsel, y luego de haber dormido mucho rato, cuando nos despertamos la luna ya brillaba en lo alto, pero ni una sola miga de pan relucía en el suelo. Nos dimos cuenta que los pajaritos se las habían comido todas.
Anduvimos largo rato y no encontramos el camino, paramos al pie de un frondoso árbol y nos quedamos otra vez dormidos.
Cuando reanudamos la marcha al amanecer comprendí que cada vez nos alejábamos más del camino. Estábamos casi desfallecidos por el hambre, de pronto el trino de un pajarillo, blanco como la nieve, nos hizo pararnos a escucharlo. Cuando reanudó el vuelo fuimos tras él hasta que le vimos posarse en el tejado de una casa hecha de pan cubierto de chocolate, y las ventanas  de puro azúcar.
Hänsel daba saltos de contento. Me dijo que él comería un pedacito del tejado y que yo podría probar la ventana.
Nos encaramamos al tejado los dos y cuando yo bajé para lamer la ventana una voz del interior surgió dándonos un buen susto diciéndonos: -¿Será acaso la ratita quien roe mi casita?-
No hicimos mucho caso, pues el hambre era mucha y el tejado y la ventana sabían a gloria. De pronto se abrió la puerta tan bruscamente que un trozo de teja de chocolate cayó al suelo haciéndose añicos. La mujer que salió de la casa era fea como nunca yo antes había visto a nadie. Tenía unas orejas de soplillo y unas verrugas negras que me dieron repelús.
Nos dijo que no temiéramos nada. Que pasáramos dentro de la casa donde había más cosas ricas para comer.
Yo no estaba muy convencida, pensé que quizá esa mujer tan fea de mirada fría nos tendería una trampa. Después del comportamiento de mi madrastra, yo estaba muy recelosa.
Hänsel insistió en entrar, decía qué dentro podríamos comer cosas aún más exquisitas que el tejado y las ventanas.
Después de dudar un rato sobre si entrar o no, cogí a Hänsel de la mano y pasamos dentro. Un olor raro me llegó pero no dije nada.
Después de hartarnos de comer, nos acostamos en un jergón y cuando  desperté ya era de madrugada.  No vi a Hänsel a mi lado. Salí afuera y un alarido salió de la boca desdentada de la horrible mujer asustándome más de lo que ya estaba. –Ven aquí, holgazana-, me gritó: -Tengo a tu hermano encerrado en el establo y lo alimentaré hasta que engorde como cerdo de matanza. Cuando esté bien cebado, me lo comeré-
No pude soportar tanta tragedia y me puse a llorar amargamente, pero tenía que cumplir los mandatos de aquella bruja. Tuve que cocinar para mi hermano manjares exquisitos mientras  yo me caía de hambre por los rincones, pues la bruja controlaba para que yo no me pudiera llevar a la boca nada más que cáscaras de cangrejos.

Cada vez que la bruja bajaba al establo para ver lo que había engordado Hänsel, éste sacaba un hueso de pollo por la reja, pues habíamos descubierto lo cegata que era y así pudimos engañarla ya que oíamos como decía lo poco que engordaba. Pero una mañana me chilló. -¡Gretel, ve a buscar agua, esté gordo o no tu hermano, mañana me lo comeré-.
¡Qué desconsuelo el mío, cuando traje el agua del pozo, las lágrimas saltaban de mis mejillas al suelo¡ Pedí ayuda a Dios, como mi madre nos había enseñado y confié en que ella, desde el cielo, cuidaría también de que el trágico final no llegara para nosotros.

Cuando tuve que salir y llenar de agua el caldero y encender fuego, la bruja dijo que primero se cocería el pan, y dándome un empujón me llevó hacia la boca del horno para que entrara a comprobar si estaba lo suficientemente caliente. De pronto me di cuenta de lo que pretendía y le dije  que no sabía como entrar. Ella sin darse cuenta de mis intenciones se acercó para demostrarme como tenía que hacerlo. En ese momento yo le di un empujón y fue a parar al fondo del horno. Cerré la puerta y comenzaron a oírse alaridos de bruja quemada. Salí corriendo hasta el establo a por Hänsel. -¡Vámonos de aquí,  estamos salvados, esa malvada ya nada puede hacernos, está ardiendo en su propio infierno-
Nos abrazamos y besábamos. Reíamos sin parar de felicidad. Antes de irnos de allí para siempre, recorrimos todas las estancias de la casa. La bruja tenía todos los rincones con cofres llenos de perlas y piedras preciosas. Nos llenamos los bolsillos y delantales de pedrería,  pues aunque no sabíamos bien que haríamos con ellas, esas eran más bonitas que los guijarros de los que habíamos llenado nuestros bolsillos tiempo atrás.

Salimos corriendo de ese lugar embrujado.

Cuando llegamos al río, vimos que no había ni puente ni pasarela ni una barca para cruzarlo.
De pronto Hänsel vio un pato blanco y me dijo que él nos ayudaría a cruzarlo. Comenzó a llamarlo diciéndole: -Patito, buen patito mío Hänsel y Gretel han llegado al río, no hay puente por donde pasar: ¿sobre tu blanca espalda nos quieres llevar-?
Se acercó el patito hasta la orilla, y Hänsel se subió a él, yo me di cuenta que los dos pesábamos mucho para ir juntos y decidimos ir uno detrás del otro.
Cuando los dos estuvimos en la orilla opuesta fuimos caminando un buen trecho. De pronto vimos como el bosque se nos fue haciendo cada vez más familiar, hasta que por fin descubrimos nuestra humilde casa. Echamos a correr, cuando abrimos la puerta, nuestro padre estaba sentado frente a la chimenea abrazado a ropas nuestras. Cuando miró a la luz que entraba desde el bosque, saltó de la silla y fue a nuestro encuentro. Nos abrazó de una vez a mi hermano y a mí. Nuestras lágrimas ya eran de alegría.
-Hijos míos, decía sin parar, ya nunca nos separaremos, vuestra madrastra murió hace tiempo. Los tres viviremos ahora en paz y con amor aunque seamos tan pobres, pero juntos todo lo malo venceremos-.

Cuando Hänsel y yo, vaciamos nuestros bolsillos, la cara de mi padre se iluminó. Nosotros no sabíamos bien que eran todas aquellas piedras que brillaban como el sol y se parecían a la luna. Pero él nos lo explicó.

-Hijos míos, se acabó nuestra miseria. Dios y vuestra madre nos han ayudado. Las piedras que habéis traído son auténticas joyas, las venderemos y podremos vivir sin apuros el resto de nuestras vidas-

 

Ahora ya no pasamos hambre, ni tenemos miedo a que nos abandonen solos en el bosque.





sábado, 6 de febrero de 2010

TODO LO QUE TUVE Y NO TRAJE.

No me gusta desprenderme de las cosas. Me cuesta mucho perder todo aquello que en otros momentos tuve ilusión por conseguir, o me costó llorar para obtenerlo…A todo lo conservo  en el cariño, pero ya aprendí que hay que dejar marchar lo viejo para que entre lo nuevo.
El inexorable paso del tiempo me ha ido dejando el sabor salino de la añoranza mientras a través de la ventana que mi mente abre sigo viendo las cosas que ya no tengo. Las que se perdieron por el paso de los años o quedaron atrapadas en algún lugar oscuro de la memoria y no me es permitido recordar qué fue de ellas.


Las primeras cosas auténticamente mías que disfruté fueron las que pude permitirme a través de la independencia que me facilitó mi suerte.

Por el transcurrir de la vida, cuando nuevos caprichos o necesidades aparecieron tras los ojos ávidos de descubrimientos, fui rodeándome de objetos distintos e ilusiones nuevas.

Pero aún ahora que ya ha pasado mucho tiempo de mi primer logro y he ido arrastrando tras de mí los muebles y los recuerdos, cuando me he instalado en la comodidad de un nuevo hogar que lleva grabado en cada pared y en el suelo bajo mis pies, las gotas irremediables a partes iguales de lágrimas de tristeza y alegría vertidas, me pesa la nostalgia aunque sea liviana su carga.

No todo se lleva de una parte a otra. Al menos no físicamente, pero siempre vamos trasladando de un lugar a otro, no importa donde nos instalemos, ni cuantas veces cambiemos de lugar, todas las cosas que hemos tenido, pues mientras podemos recordar vamos llevándonos en la mudanza todo lo que ya no  podemos disfrutar pero seguimos cargando en la espalda de la añoranza.

Y aquí están, junto a mí, en mi nueva casa, todos los recuerdos de las cosas que tuve y no traje.




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