viernes, 21 de octubre de 2011

COMIENZO DE UN FIN.



El reloj puntual anuncia la hora del final. La tarde declina y las sombras de la noche acechan entre el incipiente frío y la oscuridad de las nubes.

El murmullo en la habitación de la abuela cambia el rumbo de mis pasos. Tres figuras fantasmagóricas se dibujan en mis retinas. Ella, aún paladea el dulzor de la merienda y mira, sin pestañear, a las imágenes blancas.

—Es el fin, guapa mía. -dice sin mirarme-. Creía que no lo vería. Pero tú llevabas razón; siempre es posible.

Fuera, los árboles estrenan vestidos nuevos, alfombrando sus pies de otoño.

Las siete de la tarde.

Los ojos ancianos tienen un brillo diferente, que ahora se reflejan en los míos y extiende su mano que, suave, aprieta con fuerza nueva.

—Dame un beso, dice su mirada quieta.

La  piel se pliega bajo el peso de mis labios y percibo el aroma limpio de siempre.

Se vuelve a las figuras que hablan.

—No sé si será verdad lo que dicen. Sí que es verdad todo lo que hicieron. Pero, que se quiten las capuchas. -Le oigo decir, mientras salgo sigilosa dejando la puerta abierta.

Una paloma blanca zurea en el reposo del vuelo.

(20 de octubre de 2011) E.T.A. anuncia el final de la agónica forma que dieron a la vida. Ojalá, esto se hubiera producido antes. Ojalá, lo que exijan a cambio no sea otra excusa, para seguir…

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