Tengo un correo que no publicaré íntegramente por respeto a quien me lo ha enviado. Un correo tan sincero como doloroso. Pero es una primera respuesta a lo que, a grandes rasgos, y sin profundizar en el dolor, que ya no solo es tristeza lo que los libros sienten, según escribía en "Libro abierto", al ser depositados en otras manos aún con la convicción de que pronto volverán a casa, sino el horror y sufrimiento que han tenido que padecer, quienes los atesoraban. Los reverenciaban.
Como me ha llegado a tocar la fibra la confesión recibida, lo dejaré en este bosque para que respire el aire fresco de la Libertad bien entendida que se vive en este mi particular paraíso de letra y sentimiento. Pero no lo situaré en ningún país concreto, ni época cierta. Con poco que el lector imagine, podrá situarse en mil y un lugar del Planeta donde los libros fueron pasto de las llamas. Ya no sólo por quienes ordenaban su destrucción para que no “soliviantara la moral y las buenas costumbres”…por decirlo suave, sino de quienes por puro miedo y protección, se veían obligados a sucumbir ante la barbarie de la persecución, más allá de los confines de la mente.
…””Así que, nos dedicamos a esconder, guardar o quemar libros y discos... algunos he salvado, pero quemé una biblioteca completa de libros de psicología.... en silencio... llorando cada página despidiéndome de esos amigos que no hablan pero siguen mudos... debo confesártelo.... quemé libros de Pichón Riviere... de José Ingenieros.... de Froi, de Marx.... de los pensadores griegos, de los filósofos universales.... quemé poemas de Alfonsina.... de Machado... de tantos otros.... Tenía una colección envidiable de discos numerados de ediciones especiales... Quilapayun... otros que no me quiero acordar porque me traen tanto dolor... Recordaba que DONDE SE QUEMAN LIBROS, TARDE O TEMPRANO SE QUEMARÁN SERES HUMANOS.... y... sangraba por dentro y por fuera sabiendo que estaban quemando gente al mismo tiempo que yo..... para salvar a mis dos cachorros... quemaba libros.... ¿recibiré algún día el perdón por ese acto cobarde?... debía dejarme matar, pero pensando en los niños... solo atiné a llorar y quemar... a quemar y llorar....
Cuanta sabiduría quedaban en vaporosas cenizas!! cuantas horas de lecturas y estudios!! cuanta música de amigos... cuanta vida quedaban reducidas a nada... por la ambición de unos pocos y la maldad de muchos””...
Si alguna vez, yo tuviera que calentarme en la Hoguera de las Vanidades, preferiría mil veces morir que seguir viviendo entre cenizas.