lunes, 15 de marzo de 2010

UN BUEN EJEMPLO.

Creo que lo mejor que ahora podemos hacer en el Bosque, es relajarnos  y escuchar algo bueno, desde la radio.  En días como hoy.

Como siempre, los sabios saben muy bien lo que una gran parte de los habitantes del mundo ignoramos, y, a veces, según a quién,  no le interesa considerar.

José Luis Sampedro, nos da un buen ejemplo de como deberíamos entender el día a día, y las lecciones a sacar de lo que sucede a nuestro alrededor. De lo que le vida nos ofrece, y dependiendo de la actitud que adoptemos, así nos irá.

Esta entrevista es digna de dejarla  aquí. Nada mejor que sentarse a deleitarse con las palabras de este erudito de las letras y del conocimiento.
http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100304/sampedro-nuestro-sistema-esta-descompuesto-dias-como-hoy/710161.shtml



LOS LIBROS PERDIDOS.

Tengo un correo que no publicaré íntegramente por respeto a quien me lo ha enviado. Un correo tan sincero como doloroso. Pero es una primera respuesta a lo que, a grandes rasgos, y sin profundizar en el dolor, que ya no solo es tristeza lo que los libros sienten, según escribía en "Libro abierto", al ser depositados en otras manos aún con la convicción de que pronto volverán a casa, sino el horror y sufrimiento que han tenido que padecer, quienes los atesoraban. Los reverenciaban.

Como me ha llegado a tocar la fibra la confesión recibida, lo dejaré en este bosque para que respire el aire fresco de la Libertad bien entendida que se vive en este mi particular paraíso de letra y sentimiento. Pero no lo situaré en ningún país concreto, ni época cierta. Con poco que el lector imagine, podrá situarse en mil y un lugar del Planeta donde los libros fueron pasto de las llamas. Ya no sólo por quienes ordenaban su destrucción para que no “soliviantara la moral y las buenas costumbres”…por decirlo suave, sino de quienes por puro miedo y protección, se veían obligados a sucumbir ante la barbarie de la persecución, más allá de los confines de la mente.

…””Así que, nos dedicamos a esconder, guardar o quemar libros y discos... algunos he salvado, pero quemé una biblioteca completa de libros de psicología.... en silencio... llorando cada página despidiéndome de esos amigos que no hablan pero siguen mudos... debo confesártelo.... quemé libros de Pichón Riviere... de José Ingenieros.... de Froi, de Marx.... de los pensadores griegos, de los filósofos universales.... quemé poemas de Alfonsina.... de Machado... de tantos otros.... Tenía una colección envidiable de discos numerados de ediciones especiales... Quilapayun... otros que no me quiero acordar porque me traen tanto dolor... Recordaba que DONDE SE QUEMAN LIBROS, TARDE O TEMPRANO SE QUEMARÁN SERES HUMANOS.... y... sangraba por dentro y por fuera sabiendo que estaban quemando gente al mismo tiempo que yo..... para salvar a mis dos cachorros... quemaba libros.... ¿recibiré algún día el perdón por ese acto cobarde?... debía dejarme matar, pero pensando en los niños... solo atiné a llorar y quemar... a quemar y llorar....

Cuanta sabiduría quedaban en vaporosas cenizas!! cuantas horas de lecturas y estudios!! cuanta música de amigos... cuanta vida quedaban reducidas a nada... por la ambición de unos pocos y la maldad de muchos””...

Si alguna vez, yo tuviera que calentarme en la Hoguera de las Vanidades, preferiría mil veces morir que seguir viviendo entre cenizas.








LIBRO ABIERTO.

Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado un amigo que espera, olvidado, un alma que perdona, destruido, un corazón que llora. 
Proverbio hindú.


Dicen que los libros tienen memoria. Que si los dejamos salir de casa, de su hogar, se entristecen y no vuelven.

Debe ser verdad, porque libro que he dejado, libro que he perdido.
Me ha pasado con ellos como con más cosas. Es como si al prestar algo, aún con la buena intención de dejarlas a quien las puede  necesitar, las cosas se ofendieran. Es como si, al pasarlas a otras manos, se sintieran relegadas de nuestras vidas y, orgullosas y dolidas, no regresan.

He vuelto a comprar los mismos libros que dejé,  porque al perder uno sólo de ellos, es como si perdiera un trocito de ilusión. Como si quedara un vacío irreemplazable en el lugar al que los destiné y sólo un silencio sepulcral inunda el espacio en blanco que queda sin historias que contar . 
Me dejan la sensación de haber dejado la puerta abierta a los personajes cuyas vidas estaban confiadas en mis manos y se sinceraban conmigo mientras yo esperaba solícita que me agradaran, y en un intento nada vano,  de que me enseñaran. 

Lo primero que traje a mi nueva casa, fueron los libros. No quise que vinieran en el camión de la mudanza. Los traía yo cada mañana en bolsas antes de irme a trabajar. Cargaba con ellas el coche después de bajar tres pisos sin ascensor y subía feliz a "mi cerro" donde las iba dejando hasta que, por la tarde, ilusionada, los iba colocando en esa pequeña, pero muy personal, biblioteca. Cuidando de que no se replegaran  en su propia intimidad. Que no quedaran sólo como adornos de salón, sino como los amigos fieles que me siguen donde voy, que se dejan acariciar y no me piden cuentas ni pasan tributo. Y que, a su vez, me ayudan a soñar. A viajar y conocer. A dudar y pensar. A imaginar y adivinar. A acertar y errar...

Libros. 
Amigos que no se vuelven distantes con el tiempo. Amores que no se cansan de convivir bajo el mismo techo. Historias que no se encanecen sino que permanecen inalterables al desánimo y el transcurrir de los años. 

Libros. 
Cerebros activos. 
Juventud eterna. 
Luces y sombras de vidas perpetuas.
Reflejos de nuestras propias quimeras.







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