sábado, 6 de febrero de 2010

TODO LO QUE TUVE Y NO TRAJE.

No me gusta desprenderme de las cosas. Me cuesta mucho perder todo aquello que en otros momentos tuve ilusión por conseguir, o me costó llorar para obtenerlo…A todo lo conservo  en el cariño, pero ya aprendí que hay que dejar marchar lo viejo para que entre lo nuevo.
El inexorable paso del tiempo me ha ido dejando el sabor salino de la añoranza mientras a través de la ventana que mi mente abre sigo viendo las cosas que ya no tengo. Las que se perdieron por el paso de los años o quedaron atrapadas en algún lugar oscuro de la memoria y no me es permitido recordar qué fue de ellas.


Las primeras cosas auténticamente mías que disfruté fueron las que pude permitirme a través de la independencia que me facilitó mi suerte.

Por el transcurrir de la vida, cuando nuevos caprichos o necesidades aparecieron tras los ojos ávidos de descubrimientos, fui rodeándome de objetos distintos e ilusiones nuevas.

Pero aún ahora que ya ha pasado mucho tiempo de mi primer logro y he ido arrastrando tras de mí los muebles y los recuerdos, cuando me he instalado en la comodidad de un nuevo hogar que lleva grabado en cada pared y en el suelo bajo mis pies, las gotas irremediables a partes iguales de lágrimas de tristeza y alegría vertidas, me pesa la nostalgia aunque sea liviana su carga.

No todo se lleva de una parte a otra. Al menos no físicamente, pero siempre vamos trasladando de un lugar a otro, no importa donde nos instalemos, ni cuantas veces cambiemos de lugar, todas las cosas que hemos tenido, pues mientras podemos recordar vamos llevándonos en la mudanza todo lo que ya no  podemos disfrutar pero seguimos cargando en la espalda de la añoranza.

Y aquí están, junto a mí, en mi nueva casa, todos los recuerdos de las cosas que tuve y no traje.




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