miércoles, 28 de diciembre de 2011

AURORA.

Tú sabes, como todos los que te rodeamos, que te vas. Que has elegido diciembre para despedirte con ese hilo de voz que se ahoga en llanto. Un llanto que ayer, cogida de tu mano, intenté silenciarlo susurrándote que no tiraras la toalla. Pero tú sabes, como sabemos todos, que la toalla hecha un guiñapo ha sido arrojada sin posibilidad de ser recogida. Ahí yace, rota y deshilada; conteniendo el sudor y las lágrimas, el esfuerzo y la lucha de una vida con más sombras que luces.

¿Qué tengo yo para volver? ¿Quién me espera?

Esa es tu pregunta y la certeza. Tu mano tibia teñida de malva, como un guante maldito, bajo la mía. Una mano amiga y familiar envuelta en el frío adiós de las despedidas, cuando aún queda un suspiro en el alma y un latido en el corazón dolorido.

No has perdido consciencia ni la conciencia. Eres tú, lista y coherente, sincera y de ley, la que a duras penas dirige el vidrio de sus ojos a los rostros tristes, esbozando palabras que cuesta descifrar, pero que llegan claras con la fuerza que te queda. Sí, porque eres de Ley. Aún eres, y quiero escribirte cuando permaneces anclada al peso del miedo, pese a que ya pides la liberación de tu cárcel de morfina.

El tiempo se acaba, como el año, como la película de tu vida. Pero estoy convencida que la fría losa no te cubrirá de olvido. Y se, que por ahí seguirás cortando las espinas de las rosas de ese hermoso jardín que llegaste a crear. Entre los cactus y las lilas. Junto a la fuente de las ranas, silenciosa y seca. Sentando en el regazo a Carina, la perrita que ladra tu ausencia. Junto a los gatos que has alimentado y ahora maullarán a tu sombra cuando pasees entre los manzanos, y nosotros no seamos lo suficientemente sensibles para percibirte.

Aurora es nombre de mañana, de amanecer a un nuevo día. Y como la Aurora, aparecerás cuando quieras con la luminiscencia propia de quién, pese a momentos de oscuridad, irradiaba luz propia.

Hazme un guiño cuando no te vea y dale, no te olvides, un abrazo fuerte, fuerte, a ese Ángel que te encontrarás allí, en lo alto. Se llama Manuela y sabréis reconoceros.

sábado, 10 de diciembre de 2011

DICIEMBRE.


Llegó diciembre acompañado de días de diciembre.
El frío agazapado en la niebla.
El sol asomado entre nubes tiernas.
 Madrugando el rocío en los jardines.
Hojas secas en la tierra húmeda.

No hay golondrinas. Es diciembre.

Y llegas tú envuelto en diciembre y tiempo.
Y camino yo, a tu encuentro.

sábado, 12 de noviembre de 2011

SOÑANDO SUEÑOS.


Te he soñado cuando los sueños ocupan la vigía que sueña. Y despierta, me abandono a la palpable presencia de la noche, donde me acuno entre las rendijas abiertas del deseo. De ese deseo que solo el deseo sabe, que no es sino un sueño.

Me pregunto, si estoy durmiendo un sueño real mientras te sueño…O quizá, te soñaré desde ese sueño que me acerca a ti, para soñarte de nuevo, al despertar.

Por si acaso  los sueños me atraparon en su red, voy a desperezarme del sueño y abrir un diario para ellos, para contarle a él lo que el sueño me procura. Y fraguar luego, en la vigilia, las palabras que nos diremos entre los besos, mientras las manos palpan nuestra piel soñada. Y me dormiré en ti, contigo, abrazada a los sueños, sintiéndome tan despierta, soñándote.


sábado, 29 de octubre de 2011

FLORES A LOS VIVOS.


Puede parecer real, puede que solo sea una fantasía. Habrá quién lea una posibilidad y otros que se sientan reflejados. Tú, que has entrado al Bosque, anímate. Da un paseo y aspira el aroma de las flores. No hay crisantemos para las tumbas, porque aquí solo entran los vivos...Aunque quizá  también algún alma que quiere seguir sabiendo a qué huelen las rosas.

Me he encontrado con un amigo de siempre que, pese a tener ya una edad en la que algunas personas le podían considerar “mayor”, es lo suficientemente joven, tanto física como espiritualmente como para que, en un momento determinado de su existencia, se parara a reflexionar que aún podía seguir disfrutando de una vida que le pertenecía por entero. Él había vivido en muchos lugares, había conocido a muchas personas, se había labrado un porvenir en varios trabajos, hasta había gozado de distintos amores, pero en muchas, en demasiadas ocasiones, se sentía solo.

Me contaba, -en esos momentos en que la confianza entre dos personas permite confesar esos sentimientos- que es mucho lo perdido, cuando queda varado el amor en el transcurrir de la vida. Pero él aún tenía necesidad de seguir amando. De vivir ilusiones y caricias nuevas. Quería, porque su vida aún le correspondía, llenarse de pequeños momentos que pudieran hacerle grande el mundo que compartía, pero que, por esas cosas del destino y sus circunstancias, se le había quedado vacío de sensaciones.

Se conformaba con pequeños detalles, pero esperaba grandes demostraciones de afecto. Quería vivir todo lo que él entendía que sintiéndose útil, podía disfrutar. Y me contaba que él podría ser feliz con muy pocas cosas materiales. Lo justo y necesario para vivir; y que, por todas posesiones materiales, se conformaría con una cama, una mesa y una silla, porque esos tres elementos, por muy humildes que fueran, siempre le podrían proporcionar lo que su cuerpo y su mente necesitaban.

Me explicaba, que de nada sirven el lujo y la riqueza, si se vive entre la pobreza de ilusiones y querencias. Decía, que quería dormir abrazado, comer acompañado y sentarse al lado de quien le entregara su presencia cálida y cómplice. Quería amar hasta desfallecer, a la mujer que sintiera que su piel se erizaba con el roce de sus labios.

Así, me hizo confirmar que utilizamos un lenguaje universal, cuando nos paramos a pensar, -mientras el tren de la vida recorre los raíles del tiempo- que hace falta muy poco para ser feliz. Que no es necesario tener demasiado lujo ni riqueza, si lo esencial se comparte entre una cama, una mesa y una silla.

Desde lo que me hizo reflexionar, y razón le dejo escrita por los caminos que el bosque abre, creo que ahora es un buen momento para regalar flores a los vivos. Sin dejar de recordar a nuestros muertos, y sin que para ello sea necesario noviembre. Quizá luego sea tarde para demostrar todo lo que nos quisimos.


viernes, 21 de octubre de 2011

COMIENZO DE UN FIN.



El reloj puntual anuncia la hora del final. La tarde declina y las sombras de la noche acechan entre el incipiente frío y la oscuridad de las nubes.

El murmullo en la habitación de la abuela cambia el rumbo de mis pasos. Tres figuras fantasmagóricas se dibujan en mis retinas. Ella, aún paladea el dulzor de la merienda y mira, sin pestañear, a las imágenes blancas.

—Es el fin, guapa mía. -dice sin mirarme-. Creía que no lo vería. Pero tú llevabas razón; siempre es posible.

Fuera, los árboles estrenan vestidos nuevos, alfombrando sus pies de otoño.

Las siete de la tarde.

Los ojos ancianos tienen un brillo diferente, que ahora se reflejan en los míos y extiende su mano que, suave, aprieta con fuerza nueva.

—Dame un beso, dice su mirada quieta.

La  piel se pliega bajo el peso de mis labios y percibo el aroma limpio de siempre.

Se vuelve a las figuras que hablan.

—No sé si será verdad lo que dicen. Sí que es verdad todo lo que hicieron. Pero, que se quiten las capuchas. -Le oigo decir, mientras salgo sigilosa dejando la puerta abierta.

Una paloma blanca zurea en el reposo del vuelo.

(20 de octubre de 2011) E.T.A. anuncia el final de la agónica forma que dieron a la vida. Ojalá, esto se hubiera producido antes. Ojalá, lo que exijan a cambio no sea otra excusa, para seguir…

martes, 18 de octubre de 2011

¿MIOPE YO?



Me he encontrado esta tarde por la calle, cuando iba a un recado, a una chica que hacía mucho tiempo que no veía. Iba con el pelo en disputa, la cara macilenta, ojeras al estilo de succionada por el vampiro de la noche, y fumando como una posesa mientras la poseía un cigarrillo que le va sentenciando la vísceras con alquitranada intención, y dejándole el cutis, como la vida: a cuarterones.

No sabía si preguntarle por la salud. Porque no tenía claro a cual me debía referir. Si a la física, la mental, la económica… y he optado por invitarla a un café. Eso sí, he tenido que esperar a que se terminara el cigarrillo, recién encendido, de tres caladas en las que parecía se iba libando la salud por la aspiradora hecha boquilla, antes de entrar al bar donde no se fuma.

El camarero, con cara de cebolleta en vinagre, mira a través de la montura de las gafas -con más grasa en los cristales que la sartén de freír chirretes- y con voz de aguardiente sin destilar, pregunta ¿que van a tomar las señoras?

Ella me mira a mí y yo a ella. No por lo de señoras, que ha dado en el clavo, sino por la amabilidad que parecía no salía de su boca descuidada ni de sus ademanes bruscos, y nos hemos girado hacia el vacío de la mesa; que aún contenía los restos de la penúltima tapa, en busca de las señoras de traje y abanico socorredor de sudores menopáusicos. Pero no estaban.

Después de conjeturar que lo de señoras iba por nosotras, y eso que tenemos pinta de ser menores de edad. Quiero decir; de menos edad entre toda la edad que ya tenemos, le pedimos un café descafeinado con leche para mí,-es que si lo tomo sin descafeinar tan tarde, ya no me duermo hasta el día siguiente- y ella un café solo lleno a rebosar de cafeína, y una cerveza fresca para inmediatamente después. De pronto, vuelve a la calle a enchufarle al cigarrillo una cerilla, como las muchas que llevaba entre las uñas en forma de círculo ennegrecido.

Cuando vuelve a entrar, me dice con el soniquete de las algo colgadas: ¡¡¡Tíaaaaa¡¡¡ ¿¿¿Yo a ti te conozco de algoooo???... Se me ha demudado la mirada, la piel enrojecido, un tic me ha recorrido el pulso, y he buscado en el bolso con la rapidez de quién ha sido pillada en un renuncio, las gafas de ver de lejos y en la oscuridad.

Debo volver a graduarme la vista. No tengo ni pajolera idea de quién es a quién he invitado a un café con cerveza fresca.


martes, 11 de octubre de 2011

ANIMALADAS.

De todo tiene la ciudad. De pronto se torna triste y por las calles la ausencia duele. Hay vacio en las casas y recuerdos dibujados en el aire.

El otoño, reciente y cálido, se presentaba frente a los árboles vestidos de verde y ocre, entre rayos de sol de tibieza temprana que, al medio día, se imponía aún con la fuerza del verano resistido a ocultarse.

El bebé, rollizo y hermoso, daba sus primeros pasos de la mano de la madre que empuñaba en la otra, la cestita de mimbre por donde asomaba la diminuta cabeza de ojos vivos y pizpireta mirada, la Chihuahua color canela. La perrita, era, sin lugar a dudas, -y hasta que el niño llegó a la vida- quién ocupaba el lugar de afecto preferente en la joven madre.

Panterica, se había habituado al sonido de la puerta cuando se abría y cerraba cada mañana para dejar salir del interior a la mujer de aire amable que le propiciaba comida y agua. El tejado, se abandonaba con su porte elegante y cauto, para llegar sobre las tapias hasta el regalo diario hecho croquetas de salmón y verduras. Aunque él, irascible y orgulloso, huía ante el menor acercamiento.

Cuando el celo maullaba la noche, el gato desapareció en pos del sexo gático, mientras que la calle recobraba su rutina habitual, sólo rota por la petición de amor y la cópula felina bajo las ventanas, sobrecogiendo el sueño solitario de muchas alcobas compartidas.

La época de celo llegó a su fin, pero el gato no volvió en busca del sustento. El alimento se quedó esperando quieto y repudiado, y el torrente de agua caída de la última tormenta, arrastró el bebedero que se quedó vacío en la calle que alimentaba la soledad callejera. Conjeturas posibles aventuraban el paradero de Panterica. Hasta se pensó que podía haber sido comido por esos humanos que comen gatos y perros. -Sí, ya sabemos que hay culturas que no le hacen ascos a nada-. Pero… La sorpresa llegó el día –después de muchos meses de ausencia- que su porte azabache, se calentaba bajo el sol del recién estrenado otoño. Cuando abrió los ojos ante la presencia de la mujer que lo alimentó durante un tiempo, lo reconoció. Supo que seguía cerca. Había sido adoptado por un alma gatuna que lo llevó a su casa y le dejaba salir a ronronear en libertad. Dormir bajo techo, en lugar de las frías tejas, hizo que el gato eligiera ama nueva con la que compartir afectos.

Los galgos, negros y famélicos, aparecieron como potros desbocados por el Callejón del Aire. El bebé, olía a limpio y leche recién mamada. La perrita, había saltado de su trasportín y el gato, que dormitaba su descanso, despertó erizando la cola ante el miedo olfateado. Como jauría enferma y apaleada, las carnes tiernas fueron presa de las garras de los perros de caza abandonados a su suerte, por un dueño irresponsable y temerario.

El niño se libró, ante la rápida madre que lo cubrió en un abrazo aunque perseguida por un hambriento can, que recibió un portazo en el hocico. Pero la perrita y el gato fueron atravesados por las fauces babosas entrenadas para matar. La caza de los conejos, emulada en plena urbe, acabó con la vida apacible de Lubina y Panterica que, como el gato y el perro que eran, convivían en armónica vecindad.

Allí quedaron sobre el asfalto, durmiendo el sueño eterno.

La calle se cubrió de llanto y estupor. El ama de Panterica, al que ella llamaba Felipe, sufrió un desmayo ante la imagen terrorífica de los galgos desgarrando el diminuto cuerpo de Lubina, y atravesando al gato su estómago satisfecho.

El entierro ha sido cubierto de ausencias. Los gáticos vecinos, maúllan sobre los tejados. Clarita, la gatica recogida de la calle, -que se ha convertido en toda una señora gata de mirada hermosa y zarpas traviesas- no sale a jugar con las hormigas, ni comer hierba fresca, ante el miedo dejado por los acontecimientos. Venus, la gata de siempre en casa, que no sabe nada de la soledad de la calle ni sus abandonos, sigue siendo la reina del mambo gatuno. Pero la vida relajada de los cerros oliendo a tomillo, romero y escaramujo, flores silvestres y madre selvas, ha suspendido el aroma entre las sepulturas.

Sólo las ardillas parecen ajenas a la tragedia. O quizá no. Quizá ellas fueron testigos ocultos y se duelen sobre los pinos.

Los galgos nunca harían semejante atrocidad en situaciones normales. Pero cualquier animal, hombre o perro, que es entrenado para cazar, mata impunemente si pasa hambre y sed de justicia. Si se le abandona en mitad de la nada cuando ya no sirve para el fin para el que fue utilizado. Si se le repudia, y despoja del poco cariño que, como en este caso, nunca se le demostró.

Yo, siempre me preguntaba que habría sido de Panterica, -de muerto Felipe- Fue un gato, simplemente un gato, al que alimenté para que no se quedara sin afecto y comida si podía evitarlo.

A Lubina, la echa de menos hasta el bebé que aún no sabe de lo que es capaz el abandono.
             

jueves, 8 de septiembre de 2011

REALIDADES.



Sé que lo sabes, que la noche se vuelve aurora mientras los labios te regalan mis besos, que viajan con equipaje de brisa nueva, y yo, recibo la caricia de tu voz entre la cadencia de los propósitos.

Cierro los ojos cuando el sueño se apodera de nuestras ilusiones y duermo restándole un día al calendario.

Bajo el sol de la mañana, en la tibieza de la tarde y en la oscuridad del día que se retira en el ocaso; siento tu piel que dibuja la señal de su roce en mi cuerpo y la tuya se tiñe del color de la desnudez.

Y te espero de nuevo, en cada movimiento de las agujas del reloj. En el gorjeo de los pájaros. En la calle que se cubre de ruidos que ignoro. En la ilusión que se prepara para escribirse. En el sabor dulce de la fruta. En los maullidos de los gatos que ronronean tus palabras. En el caballo azul que dibujan las nubes blancas. En…

Porque eres como agua de mayo, que hace germinar el fruto entre la tierra fértil y la lluvia caída.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Crónica de una noche de verano en el Sacromonte de Granada.

Dice quién lo dice, que los tesoros escondidos en el Sacromonte, por ahí siguen; a buen recaudo para que nadie los encuentre. Leo en la red, -donde se lee todo lo que se lee-, que los gitanos fueron unos de los primeros moradores que realizaron más de un sortilegio en busca del lugar exacto donde estuvieran escondidos los tesoros. Siendo conocidos los quehaceres misteriosos de alguna vieja hechicera "ferminibí" que, hablando unas veces con el agua y otras con el fuego, o mirando sin pestañear una palangana de agua, intentaba conseguir algunas pistas con las que hallarlos, y aún hoy no sabemos si fueron descubiertos por alguno de aquellos buscadores, y en secreto se los apropiaron, o si siguen escondidos en cualquier lugar cercano...

Yo, ni sabía que existía la posibilidad de que las callejuelas empinadas con los guijarros -que se clavan en la planta de los pies si no te calzas adecuadamente, y forman la huella del caminar- pudieran esconder esa leyenda que acompaña a la historia del lugar. No había leído nada al respecto antes, ni escuchado de boquita pintada alguna que, en la antigüedad, se guardaran tesoros bajo los olivos. -Y, aunque lo supiera-, no era cuestión de ponerse a buscarlos con la que estaba cayendo; 42 grados a la sombra.

La casa-cueva que nos acogió por mor de una encantadora anfitriona la noche diferente, ponía en mis retinas y retrataba en sepia, la magia del lugar. Por la ventana que mirara, -y no es que las cuevas las tuvieran, sino que, con el tiempo, la mano del hombre fue añadiendo, para mejor solaz en ellas, partes de arquitectura actual mezclada con el embeleso de la roca pura de cal y cante- se divisaba con la altanería de una Sultana, la Alhambra de día, la Alhambra de noche. La misma, pero tan distinta, según incida la luz en su embrujo. Me acordé sobremanera de la Doña Amparo del currelo a la amiga de siempre, porque si hay alguien enamorada de la Torre del Homenaje, esa es la que, en otra vida, seguro que fue la amante de un Emir de ojos rasgados y piel morena, que la cautivó para todos los karmas posibles…

Dormir con una manta en la cueva dormitorio, cuando “la caló” ahoga a los pollos en las urbes de ruido y gas quemado, es otra de las ventajas del Sacromonte. Allí, exhaustas del paseo nocturno las tres amigas y la cuarta que suscribe, nos entregamos al sueño de Morfeo entre zambras, chumberas y el Mirador de San Nicolás, -al que he prometido volver en el momento que pueda comprobar a qué saben los besos de la espera- no sin antes habernos hechizado entre palmas, el sonido del cajón flamenco -que acertadamente importó Paco de Lucia- como acompañante a la voz ronca del cantaor improvisado en la noche callejera.

Los volantes de las faldas, atrapan con su embrujo a los corazones que buscan el enredo de brazos ungidos de pulseras, y los dedos; aderezados con anillos de falsos diamantes, acarician con su aleteo de manos y van dejando una brizna de aire fresco en la piel a golpe de taconeo, cuando el rasgueo de la guitarra pone a bailar al sentimiento, salen por la boca los quejíos y se retuercen los cuerpos en movimientos de desbocado contoneo.

He comprobado, que lo que mejor que define al flamenco y envuelve en magia al Albaycin, es la pasión que aflora desde la emoción y la poesía, lo que pone a cantar y bailar a las penas en cualquier cueva del Sacromonte.


lunes, 22 de agosto de 2011

LAS DAMAS DEL BOSQUE.


El pueblo, amaneció cubierto de rocío acariciando con su frescura los campos engalanados de silencio. Más tarde, no salió el Sol brillando en las cúspides de los cerros, ni el calor de sus rayos besó las sonrisas tempranas. Y todo, porque las mujeres más jóvenes del lugar, se habían ocultado. Por una extraña razón, que nadie acertaba a entender, la belleza reciente no asomaba su faz más amable. Era como si un hechizo preparado en la caverna del Hada Oscura, las hubiera mantenido alejadas de la algarabía que recorría las calles, y era el gélido viento de la ausencia, quien paseaba entre las gentes.

Al caer la noche, el reloj emergido de las piedras, anunció la hora en que el Espíritu del Bosque se manifiesta. Su tañido familiar se había convertido en una melodía que, al escucharla, trasformaba a los habitantes, -muchos taciturnos y huraños- en gentiles. Las ventanas, ocultas en la oscuridad, se iluminaron, y por las puertas asomaban cabezas rodeadas de sueño.

El aire perfumaba la piel con aroma a fruta madura, y saludó la Luna entre algodones para envolver a los moradores en el brillo de su plata.

-¿Qué ocurre? -Preguntó la anciana que se atusaba las canas con manos enfundadas de experiencia y se cubría con larga capa de ozono.

La joven con ojos de gata que había a su lado, con envolvente voz, le susurró al oído.

-Son las Damas del Bosque, que vienen a visitarnos.

-¿Y qué quieren?, -musitó la boca acompañada de arrugas.

-Vienen a poner cánticos al silencio de los pájaros, y hacer sonar la música apagada de los ríos. Abonar con su alegría la tristeza, para dar vida a la vida talada de los Bosques…Tejerán con invisibles hilos, puentes de plata, para cruzar el Río de la Vida. -Así podremos entender mejor la naturaleza de cada ser... y respetarla.

-¡Vaya¡ -musitó la abuela-…-Cuando yo era joven, también hacia esas cosas. Tenía fuerza para luchar contra los que no amaban a las plantas. Maltrataban a los animales y los abandonaban a su suerte. Prendían fuego en el Bosque que descuidaban calcinando su belleza. Hasta las piedras se lamentaban de su suerte cuando eran cubiertas por basuras y muebles viejos. Un día, un ciervo se acercó a mí, bramando su tristeza por tener que comer pasto de las llamas...Y mis antepasados veían desaparecer su historia.

-Sí, -apostillaba la chica que vestía de seda y olía a flores frescas-. Pero todo eso va a cambiar. Hay demasiados irresponsables en el Planeta que lo van devastando…Pero somos muchos en lucha para evitarlo. Mis compañeras, traen semillas nuevas para sembrar y, lo mejor, conciencias buenas para regar. Si quiere, ayúdenos…Y hagamos que todo el pueblo contribuya, y lo conseguiremos.

Las recién llegadas se acercaron a la anciana y a la chica, reconociéndose en las semejanzas. Los vecinos habían acudido a la llamada que hicieron las lechuzas y, sentándose alrededor del viejo roble,  escuchaban lo que les vinieron a contar. Pronto comprendieron que nada estaba perdido, porque todos los dones que ofrece la Naturaleza de los Bosques, también se encontraban en ellos mismos, aunque dudaban de cómo hacer para descubrirlos cuanto antes.

Juntos, decidieron salir al día siguiente, acompañados de su ilusión reciente, a recorrer los cerros y las calles, los caminos y veredas, para comenzar a disfrutar de las maravillas que les ofrecía ese don tan cercano y, a la vez, tan olvidado, que sus beneficios pasaban muchas veces desapercibidos.

Caminaban entonando la “Reflexión sobre las Bellas Cosas” que las Damas del Bosque les habían dejado.

—Nos pasamos gran parte de la vida sobre el asfalto. Con rabia en las venas y prisa en el reloj. Ya, ni un año parece un año. Vamos galopando entre adoquines y queriendo dormir mucho para sufrir menos. Pero no os quedéis plantados; salir de la rutina y entrar a los bosques a disfrutar de su embrujo. En ellos en encuentra la fuerza que necesitamos.

La Ardilla, que había observado todo desde el principio, mientras engullía piñones, se unió a ellos saltando entre las ramas.

—Evitar contagiar los mares y ríos… Reciclar vuestros deshechos para evitar la tala de árboles que nos dan sombra, frutos, oxígeno… y nos permiten grabar en su piel, corazones enamorados. Recordar siempre que el Bosque es mucho más que madera.

La anciana, comprendiendo que le quedaba poco tiempo para hacer tanto como hacía falta, les habló mientras descansaba apoyada en un albaricoquero.

—Si yo pudiera, bajaría a las entrañas de la Tierra. En las profundidades me recrearía en la inmensidad de su silencio. Luego, saldría a comer hierba fresca, beber el rocío, y mirar al cielo cuajado de sonrisas de ángeles, y vería a mi gente.

Pero estoy aquí, entre el ruido y tantas veces, el miedo, porque muchos días el Sol se asoma entre nubes que acaban su jornada con lágrimas de lluvia.

Tenemos que darnos prisa para remediar la tristeza que rodea al Planeta y a nosotros que lo habitamos.

Deberíamos dibujar ternura en el agua para que se entregue alegre a las mareas, y escribir mensajes indelebles de amor en la arena.

Dormir abrazados a los sueños para poner ilusión a las mañanas. Besar a las flores y que esparzan sus fragancias a los miedos. Regalar bellas palabras a los vientos para que siembren dulces promesas...

El pueblo entero asentía. Al reanudar la marcha por el camino tapizado de verde, la mujer que caminaba hacia el grupo y vestía ropas de otro tiempo, les preguntó dónde podría conseguir sonrisas.

Todos se encogieron de hombros.

Ella, de ojos color Tierra, llevaba prendida en el pecho una Amapola. Mariposas se mezclaban con las hebras doradas de las espigas, hechas cabello. Del bolsillo de su falda extrajo un ramo de sentimientos que aderezó con una pizca de ternura, sembrándolos con sus manos que, en su batir, volaron ilusiones que fueron a caer en las emociones; comenzando a brotar de su piel gotas de lluvia que bebieron los surcos de los rostros áridos.

Los caminantes contemplaban boquiabiertos lo que creyeron un encantamiento, liberando así a la alegría que se había quedado atrapada tiempo atrás en el olvido...Y rieron, rieron...tanto, que sin dudar, supieron que se encontraban ante las sonrisas que la mujer iba buscando...

Siguieron caminando acompañados de un suave olor a flores frescas, adentrándose en el Bosque que los envolvió con sus sonidos; mágicos como los sueños.

Ayer, concluyeron las fiestas de San Roque 2011,  con la XXXIII edición de los Juegos Florales donde el pasado año tuve el honor de ser la Mantenedora. Esta vez, mi granito de arena era dejar salir a las Damas  para que llevaran su mensaje fuera de su hábitat, por ser el Año Internacional de los Bosques. Ellas dijeron mucho y calaron hondo en el respetable. Quizá también el escenario haya servido no sólo para que tomemos conciencia de lo que significa no respetar la Naturaleza, talar  los Bosques y  calcinar su vida, y las mujeres más jóvenes  puedan comprender, si participan activamente, que ellas son un motor principal en los actos culturales que en su honor se celebran y, por unos días vivan algo más que la rutina del botellón.

martes, 19 de julio de 2011

SOÑANDO-TE.



Caen los minutos resbaladizos

por la noche clara dibujada de luna.

Las horas acompasadas del reloj despierto,

resuenan entre el silencio amordazado de los grillos.

El arrullo de tu voz se cuela por las sábanas,

se acomodan a mi piel como guante de seda; y te respiro.

Las sombras de fuera se agigantan

dibujando palabras en el aire.

Y son ellas, las que ponen en mi boca el sabor de la tuya,

para saber a que saben los besos de la espera.

Se desgrana el calendario

como hojas de otoño que renuevan primaveras.

Y así, a pasos lentos, caminamos,

haciéndonos amantes nuevos en la prisa postergada.

Mientras se desperezan los sueños

despierto preguntando a la almohada,

cuantos amaneceres aún te debo.



sábado, 16 de julio de 2011

KARM.

Como si fuera una reina, se paseaba por los jardines de su Palacio inventado.

Allí, se encontraba feliz rodeada del fresco aroma de las flores. 

Ronroneaban las gatas y los gatos marcaban el territorio de su deseo.

Miraba a la Luna que, de plata, dejaba ver su rostro claro de ojos pintados.

El, llegó a su lado poniendo en su boca palabras mágicas regalándole un beso.

Navegaron en ellos sus lenguas con sabor a chocolate.

... Y, dejó sus pensamientos en el Bosque  grabando la huella de sus pasos en la tierra.

Y no soy yo, es ella. Yo, yo sólo soy sus manos, su cabeza, las emociones y sus sentimientos. Somos dos y todas en nosotras...Y, lo sé, me hubiera gustado nacer poeta, si ya lo dice ella, o sea, yo...Pero no pudo ser...Si acaso, le siento Poeta a él, a ella, a los que son. Pero yo, sólo escribo desde mí, para ti, para él, para vosotros. Y me vuelvo Palabra y Verso. Y soy Jardin y Bosque.

Así me llamo, ¿lo recuerdas paseante solitario que te adentras silencioso en la clara espesura de este espacio?

Hoy, como ayer, como mañana, como siempre, me acuerdo de ella. De aquel día que quiso que yo, que ella, que las dos, nos llamáramos como algo en esa mi bella y amada en mi.  Que no es mía ni de ella. No es nuestra, pero cómo si lo fuera. Como es su nombre que sabe a jardín y huele a verso.

Ahora, ella también crece cada día en que se envuelve en sí misma. Como yo, porque somos lo mismo. Y un día, dentro de poco, recogeré sus frutos y nos alimentaremos con ellos las dos.

En español, el nombre común carmen se aplica a la quinta de veraneo con huerto o jardín. Heredados de los árabes la palabra y el concepto, procede de karm que significa viña.


sábado, 14 de mayo de 2011

EMBRUJO.

De nuevo apareces impetuoso, sin avisar, con ese comportamiento tan tuyo, como para demostrar que conservas las llaves de todas las puertas.


Lo haces con ese velo de frialdad que parece cubrirte por entero, dejando una mirada de hielo en nuestros desorbitados ojos, al encontrarse frente a tu implacable presencia gélida, que nos hace temblar y desplomarnos como meccano, en las inexpertas manos de un niño.  

Miramos hacia el cielo, implorando la respuesta, la explicación que justifique tu comportamiento, pero no llega. No está ahí, en la bóveda celeste, sino en lo más profundo de ti, en las entrañas, en las vísceras que llenan tu vientre y en la dureza que a veces nos muestras, sin paliativos; ejerciendo tu soberanía. Entras sin llamar, en todas partes, en las casas, vacías u ocupadas. Te cuelas como ladrón para socavar la propiedad, despojando a sus moradores de todo lo que encuentras a tu paso.

Siegas las rosas de los jardines que huelen a rosa y vida.

Pero yo, yo ni siquiera te culpo. Quizá es por todo lo que te amo. Aprendí a amarte desde mi primera conciencia, desde que supe que serías parte fundamental de mi vida. Que no podría existir sin ti. Porque igual que puedes quitar, entregas. Lo mismo que conviertes los pulmones en humo y el corazón en pena, eres capaz de entregarnos el oxígeno para respirar, para no sucumbir ante el olor nauseabundo que queda en el aire, cuando te llevas la vida dejándonos la muerte.

Tienes tantas contradicciones, que quizá por eso eres tan atractivo para mí.

Hoy, el viento trae briznas mojadas de hierba seca. Es denso y huele a polvo. Se oye el rumor que deja el llanto en el espacio, como olas que rompen en la orilla de arena convertida en barro. Y los ojos, los ojos se tiñen de negro con la huella que deja el insomnio en los rostros.

Pero sin embargo, no te culpo. ¿será porque te amo tanto?

De nuevo, la noche húmeda y fría, se cuela por las rendijas que abrió la mañana. Pero tampoco hoy vendrá el sueño que da paso a los sueños. Cuando amanezca, el miedo no se habrá disipado. La tarde se esconderá otra vez tras las sombras que deja el sol al ocultarse, y volverá la noche.

Otra noche.

Y así, día y noche, la vida se hará más dura, y costará seguir viviéndola en los momentos que todo es noche.

La radio, la prensa, la televisión, -que casi nunca veo para que no me destroce el entendimiento-, todas las mágicas formas de contarme tus cosas, ni siquiera hoy me hacen compañía. Pero ahí estoy, a su lado, con el oído presto y los ojos más abiertos que nunca, para comprender. Para imaginar qué hay en la guerra, tras la paz en la que me encuentro. Para saber qué se esconde tras la maravillosa vida cercenada por la muerte.

Y comparar. Y sentirme fuerte. Y sentirme viva.

Vuelvo a mirar al Cielo. No sé que hay ahí arriba, y si hay algo más arriba. Y qué hay más abajo de la Tierra. Me confieso ignorante. Desconocedora de todo misterio, porque los misterios nunca me enseñaron a saber que son… Si acaso sólo misterios. Cosa incomprensible… ¿Como son los misterios de la Naturaleza?...

Sí, creo que es eso lo que me enamora de ti. Tu misterio. El embrujo al que sometes a este sentimiento herido. Muerto tantas veces. Renacido las mismas. Y yo, que soy carne y sangre; risa y llanto, búsqueda y encuentro, me pierdo en ti, en tu insondable razón, y me pregunto y te pregunto… Pero no obtengo la respuesta… Pero te quiero, eso lo sé. Siempre te quise…

A ti, Planeta herido. Por encima de todo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

AQUÍ SIGO.


SEGUNDO AÑO.

El tiempo se desliza por la vida con la misma rapidez que los acontecimientos por los días. Parece que fue ayer, pero ya son dos años los que Lara vive en el Bosque cuajado de brotes y aromas frescos. Oliendo a tierra mojada mientras lo bello renace en cada Primavera.

Las gobanitas, que no se rinden con los años y le devuelven la mirada inocente que aún le queda.
Los lirios azules, emergiendo entre las piedras inundando de color los ojos y la esperanza.
El tomillo, compañero inseparable del romero, acariciando con su aroma las mañanas.
El nogal, de frutos inseguros perpetuando la sombra del verano.
Los pinos, testigos silenciosos de noches cuajadas de estrellas.
Las azucenas, incansables en su reproducción efímera.
La ardilla, provocando a la sonrisa con su malabarismo circense.
La higuera, de brevas e higos que alimentan la espera.
Los gatos, buscadores incansables de las gatas que la habitan.
La luna, brillante y clara, que acaricia por la noche a la almohada.

Y tú ahí, entre la voz y el destino, envuelto en tus días y en sus noches, con el reloj que gira en las vueltas incansables del encuentro.

Dos años ya que el Bosque Animado comenzó su andadura. En su diciembre, abrió sus ramas y abrazó el esfuerzo convirtiéndolo en logro y la trajo a ella a sus dominios. El camino, inexorable hacia adelante, ha conseguido en la siembra la recogida de los frutos. Los paseos lentos, dejan su huella en el silencio de las palabras que salen a vuestro encuentro, haciéndose historia y cuento.

Para eso se creó el Bosque Animado, para animarte a caminar por él. A entrar sin llamar por la puerta abierta de las letras. Por eso también Lara vive en él y te invita a pasar y acomodarte mientras te prepara un sabroso plato combinado, regado con el sabor dulce de las ideas.

Sí, cómo pasa el tiempo. Ella, comenzó tímidamente su hogar junto a los sueños, y a ti te encontró oculto entre la vegetación insondable de tu misterio, algo huraño y esquivando a saltos los abrojos. Desafiando al viento huracanado que retaba a tu sabiduría, y te escondía en los recelos temiendo ser descubierto; a la vez que arañabas el silencio con los ruidos de la noche, mientras Lara iluminaba el camino transitable del Bosque, envolviéndote en su fantasía.

Y así, convertida ora en niña, ora en anciana, hoy en recuerdo, mañana en añoranza, recorre sin prisa el Bosque que es imaginación y sueño, deslizándose por la liana de la esperanza, en busca de las palabras; siempre las palabras, que acechan entre las piedras, el musgo, las mariposas, el olor tibio de las flores, el calor agradecido de la tarde, y el frío que orada los recuerdos, pero siempre buscando hacerse en ti ilusión nueva.

Lara, es yo y tú, y juntas buscamos la liviana carga de los días, mientras todo alrededor se vuelve locura y miedo. Porque ella ve a través de los ojos de un niño. Oye las voces calladas. Escucha el sonido del viento. Deja que el miedo se pierda y atrae con su risa tu sonrisa. Es la magia que brota de la chistera escondida entre sus dedos.

Hoy, el bosque se cubrió de noche antes de que anocheciera, y la radio, cercana y amiga, emite su voz, la de Matute, con la energía de tantos años que la viven, y ella, Ama del Bosque, escucha a la anciana recién pagada sus últimas palabras en el discurso de la entrega del merecido premio por sus letras, y Lara, como ella, os hace un ruego: ”Si en algún momento tropezáis con una historia, o con alguna de las criaturas que transmiten mis relatos, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado”…


 
 

lunes, 2 de mayo de 2011

SABOR A RON de Charo Cutillas.


Este año, la celebración de la semana de pasión, doblemente apasionada, eclipsó la celebración el 23 de abril del Día del Libro. Cosa por otra parte que a Cervantes, eso le dará igual, en caso de que su ánima siga animada a insuflar el ánimo suficiente en el personal que se dedique, en cuerpo y letra, a sacar del alma lo que la imaginación contar quiera para convertirlo en libro, novela o cuento, letras de historia y verso, o simple román paladino, ¡vaya¡

Yo, a veces liosa, otras liada pero nunca liante, tengo un forma liada de decir las cosas con lío, para liaros un poco, amigos bosquianos, y deciros, paseantes de trino y rama, que salgáis a la calle y buscar por los escaparates, un buen libro. .

El jueves día 28, asistí con gente de bién, aunque poca pero bien avenida, porque ya se sabe que muchos son los llamados y pocos los asistentes, a según qué eventos de idea y pluma como, en este caso, la presentación -en la Biblioteca Municipal, a través del Club de Lectura de “mi” pueblo, del que formo parte desde que parte quise formar de él- de la primera novela de Charo Cutillas Hernández. Humana y Antropóloga para más señas, y responsable consecuente de facilitar que, por estrechas aberturas femeninas, pueda alumbrarse la vida de otras vidas. Con esto digo que es también, Matrona. Noble dicen sus rasgos. Comunicadora sencilla y afable. Mujer pequeña de gran don, como saber contar. En fin, novelista primigenia pese a que lleva tiempo escribiendo lo que escribir quiere.

Siempre que puedo, ahí estoy. Aportando mi granito de arena para colaborar con quienes como yo, nos embarcamos en el maravilloso y a veces nada fácil, mundo de contar. O, mejor dicho, saber contar….Porque contar, lo que se dice contar, cualquiera cuenta, aunque sean las cuentas de un collar…Saber decir, comunicar, transportar a quién lea, fuera de lo dentro que de si se encuentre, no es tarea fácil para todos. Narrar y hacernos viajar, reír, emocionarnos, revivir amores tiernos o llorar tragedias, sólo es privilegio de quién ha nacido para crecer contando.
“Sabor a ron” cuenta historias, vidas, viajes, pareceres, primeros amores y sinsabores. Se da una vuelta por los recovecos de la memoria. Hace y deshace maletas echas de otras tierras, culturas, costumbres diferentes y sensaciones nuevas…Es mujer y sentimiento. Amor y desamor. Sinrazón convertida en tragos largos de olvido y recuerdo. Es, en definitiva una novela para leer.

Tuve el honor de conocer a gente nueva que tiene algo interesante que contar, y compartir momentos agradables, -además de tomarnos unas cañas con caracoles y otras tapitas, porque en todos los lugares se ejercita el noble deporte de la barra fija y el levantamiento del vidrio-, en compañía de la autora, amigas, conocidas, pero entre lo mejor, el rato entre seres especiales que se pasean por el Bosque y aledaños y hacen algo más que caminar.

“Sabor a ron” no dejará a nadie mal sabor de boca.

domingo, 1 de mayo de 2011

MADRES.

A las madres, porque nunca se van.

La madre, desde la inexperiencia, se remolineaba en la cama con sábanas oliendo a vida nueva. El embozo recogía entre las puntillas el aroma tibio de su juventud, mientras los dolores del parto se iban perdiendo al mismo tiempo que el llanto de la reciente criatura comunicaba a las paredes que serían testigos mudos -entre el balanceo de la cuna y la desnudez de pechos que la alimentarían- de la mujer que se abriría paso entre algodones, y trazaría su camino por la razón de la existencia.

La madrugada, calurosa y dulce, entregaba aquel día de agosto entre picunelas, la diminuta vida recién parida.

—No la he parido, pero me la entregaron de un minuto. -Decía la abuela cada vez que le preguntaban por qué quería tanto a su nieta preferida-.

—Madre, ¿dónde está padre? -preguntaba la travesura con lengua de trapo, mientras jugaba escondiéndose por las esquinas-

—No volverá. -Decía la madre-madre-.

—No es verdad, madre. Ayer jugamos al escondite. Pero, qué tonto es padre. No sabe esconderse, siempre se donde está. Anoche, antes de irme a dormir me dio un beso en la frente, despeinándome el pelo.

La madre-abuela, decía a la madre-madre:

—Tenemos que hablar con ella. Continuamente dice lo mismo; que él no sabe esconderse,… ¿qué crees que quiere decir?...

—Está claro, madre, ella tiene mucha imaginación. Seguro que sueña; que inventa juegos y personas. No te preocupes; son cosas de niños.

—No sé, esta cría es especial. Habla sola. Pasa horas jugando a esconderse… ¿Estará mala la chiquilla?.Pero no, que va…debe ser otra cosa. Ayer, por ejemplo, se sentó en un peldaño de la escalera y gesticulaba. Gritaba, decía que no quería que le tocara la cabeza, pero que le diera un beso…¿pero quién?. Estaba sola, más sola que la soledad. Y yo, yo empiezo a preocuparme.

Pasaba el tiempo que, revuelto y frío, hacia correr a las nubes que dibujaban adioses y lloraban tristezas, mientras que la madre-madre guardaba en la maleta, entre el tafetán y la duda, la angustia. Pero era inevitable y no tenía de qué preocuparse; ella se quedaría entre lo mejor. Ya no era un bebé. Jugaba e inventaba. Creaba mundos de ilusión y risa mientras crecía perfumada de caricias. Podía irse tranquila, aunque el dolor le comiera las entrañas y la nostalgia fuera la compañía de la ausencia.
—¡Cómo pasa el tiempo¡ -le dice la madre-abuela con su voz suave y el pelo adornado de estrellas. Parece que fue ayer, guapa mía. Qué claro lo recuerdo: con los juegos de inocencia entre tu caminar por la niñez crecida. Con el tropel de la felicidad en tus zapatos, y siempre hablando, sonriendo, sin yo saber con quién inventabas cuentos y dibujabas historias vendiendo sonrisas. Nunca lo supe. Siempre me llevabas como loca, observándote; mirando por los rincones, los cuartos de la casa, debajo de la cama…donde nunca había nadie. Pero temía por ti. Que te llevaran de mi lado. Que alguien entrara a la casa sin darme cuenta, y te perdiera. Me hubiera muerto antes de morirme. De pena. Sin ti, razón de vida. De mi vida.

—Pero, no temas, aquí estoy, como siempre, cuidándote como cuando eras tan pequeña que temía romperte. Cuando tu piel rezumaba olor a flores y el pelo se enredaba entre tus rizos.

—Abuela, que alegría verte. Tú tampoco sabes esconderte, ¡eh¡…Ven, siéntate ahí, a mi lado, tengo tantas cosas nuevas que contarte...

miércoles, 20 de abril de 2011

DIAS DE RUIDO Y FE.

El Bosque se llena de  otro ruido y se viste de malva.

Fuera es Semana Santa.

Los pinos se mecen al compás de las horquillas y los hombres cargan a hombros su fe.

Al mismo tiempo, el tambor acerca su piel a la piel, y es cuerpo y deseo fundidos en caricias y palabras que callan para que sólo hable él,

Todo es Semana Santa.

104 horas de ruido no entorpecen el peso del silencio  arrastrado en la Cruz.

Es el tiempo de que las emociones salgan a la calle. Y yo, con ellas.

A la vuelta, el Bosque seguirá vestido de verde y oro. Pero ahora la Pasión está ahí, a la vuelta de la esquina.

Por ahí estaré...por si me encuentro con ella: Tu pasión y la mía.

viernes, 25 de marzo de 2011

COSAS DE LA PRIMAVERA.

La Primavera ha asomado entre los brotes verdes, pero de pronto parece que se hubiera ido con el frío que deja la nostalgia.

Tras de los cristales, llueve. El aire nos levanta la falda y los pelos se nos ponen como escarpias...Pero, imaginemos,  que por la puerta  ha entrado la amiga fiel de nuestra infancia. Alegre y chispeante dentro de su colorido vestido,  oliendo a jazmín y rosas tempranas. Dejando una estela de color tras de sí,  que tiñe de arco iris  las nubes oscuras y acuosas.  Aquella que jugaba con nosotros cuando toda la vida era una continua primavera.

El bosque está  animado. Quiere poner al mal tiempo, buena cara, porque lo que importa es levantar el ánimo, animarse y sentirse animoso. Sacar al niño interior. Reír aunque den ganas de llorar. Volar con la libertad de un pájaro primaveral. Ser como el pavo real, majestuoso y orgulloso de su linaje  que siempre destacó entre los animales y es admirado por el ser humano.

No importa que haga frío. Que todo se haga cuesta arriba. Que haya que correr para llegar a tiempo.

La primavera ha llegado. Sólo hace falta que se anime, para ser la que es.

miércoles, 9 de marzo de 2011

COMO SER MUJER y no morir en el intento.

…”A ningún político de ninguna época, a ningún diputado o representante del pueblo debe tanto la democracia en España como a Clara Campoamor. Le debemos nada menos que el sufragio universal, idea aparentemente muy admitida pero que para hacerse realidad precisa que las mujeres tengan los mismos derechos electorales que los hombres, durísima tarea que ha consumido en casi todos los países las energías de varias generaciones de mujeres y de hombres amigos de la igualdad. En el nuestro, se consiguió de golpe, sin aparente esfuerzo, porque el esfuerzo lo hizo una persona sola.
Clara Campoamor fue una mujer que se hizo a sí misma, que luchó siempre contra todo, contra todos y contra todas -«mi ley es la lucha», decía- para conseguir una España en donde la cuna fuera un origen, no un destino, y donde la Ley no fuera un castigo sino un amparo…”

Clara. Claridad. Claramente. Clarísimo lo tengo. Yo, soy mujer y orgullosa de serlo, amén de rebelde.

Quizá debí llamarme Clara Rebeldía.


9 de marzo, día después del 8 declarado día Internacional de la Mujer a la que se le suprimió lo de Trabajadora.¿será porque siempre lo fuimos y no hay novedad en ello?

Oigo la radio. Pongo el televisor. Leo la prensa. Las voces y rostros se iluminan con las pancartas de los derechos, pero han apagado el neón de los deberes. Me duele la hipocresía como me estalla la cabeza. Los políticos se hacen fotografías desde la caries de su sinceridad. Las mujeres y sus casusas, siguen siendo utilizadas como urna arrojadiza en espera del voto que los aúpe –dentro de la Ley de Igualdad y de Paridad- al escaño desde el que el recibo de la luz, el pago de los colegios, la manutención de la familia…no se hace cuesta arriba. En la calle, las miradas siguen cabizbajas y los rostros huidizos. Las prisas arrasan el diálogo porque no hay tiempo que perder. -Si no trabajo, no como, dice la madre de familia que no llega a fin de mes y cuyo marido engrosa las listas del paro-

Pero, en los cinco continentes todo va bien, mienten los dirigentes que de nada carecen, mientras al pueblo mujer se le efectúa la ablación del gozo de vivir y se le amputan los miembros del conocimiento.

Las mujeres, de las que nacen los hombres, y nombro aquí a Pirenne, que decía que “En el grupo humano es sobre todo la madre la que aparece esencialmente como fuente de toda vida, de un modo particular en ese época en que la unión conyugal no existía de modo estable”… Lógicamente se refiere al matriarcado, algo ahora impensable en la evolución del tiempo que tan lentamente evoluciona para según qué cosas. Y, pese a esa soberanía de traer hombres al mundo, seguimos las mujeres sin tener el sitio claro y definido que nos merecemos. Y ¿Cuánto habrá que vivir para conseguirlo?...

Ni me lo planteo. No soy feminista, ni me interesan los discursos de las que lo sean, pero sigo sus ideas y sus palabras si en ellas hay coherencia y sentido común, que es el menos común de los sentidos, y sin que la fuerza de su razón particular acabe con la razón colectiva desde la cual, y si no hubiera aún, tanto complejo machista, otro gallo nos cantaría a todos. Hombres y mujeres, porque, en definitiva, de todos los del reino animal, es el que más problemas causa a la civilización que no termina de civilizarse.

Acabo diciendo que me gusta el hombre. Y que, no es óbice, cortapisa o valladar a mis intereses de mujer, ir en pos de lo que él sabe y puede aportarme. Pero ¡ay¡, del que osara acercarse con ínfulas de macho ibérico.

No me interesa el politiqueo en el que han convertido el Día Internacional de la Mujer, cuando tenemos aún, tanto trabajo que hacer, porque en realidad, los que tienen que reconocer la fuerza que nos toca, no saben aún bien por donde seguir con nosotras, que somos tantas en una…Ni conviene del todo. Que no nos cuenten gaitas...

Quizá, Clara Campoamor, se esté revolviendo en su tumba y se nos aparezca en espíritu, porque aún queda mucho para conseguir en su totalidad, del espíritu de su lucha.





martes, 1 de marzo de 2011

AMOR Y CHIRIMOLLAS (recuerdos de hace tiempo)


He encontrado una carta ajada y amarilla, —mientras limpio el armario— con los bordes roídos como uñas en dedos dolientes de impaciencia.

Le he quitado, con la sorpresa, las telarañas de los recuerdos grabados en tinta desgastada junto a la adolescencia, que se fue de viaje con los años.

El sillón del dormitorio —donde descanso el plumero y mis piernas—, ha cargado con el tiempo escondido entre los vestidos de colores, y las transparencias de la noche, mientras me pongo las gafas y me quito las sandalias —¡esta manía mía de ir descalza¡— y él, se presenta ante mí, con el negro de su pelo entre mis dedos, y las caricias a hurtadillas sin luz en el portal de mis deseos.

¡Ya no puedo contar los días, los meses, ni siquiera los años transcurridos, pese a la fecha tatuada en la cara del envío, porque yo, no mido los años por años, sino con el tiempo que hace que el tiempo quedó atrapado en la espiral del tiempo, y, ahora, aparece de nuevo, escrito entre palabras de reclamo pese a que, de él, sólo recuerdo el primer amor —que no es poco—.

La gata, salta a mi regazo y se acomoda entre mis pliegues, mientras lame los dedos inundados de pasado y juventud enamorada, y me mira, y yo la miro, a esos ojos que reflejan en azul, el asombro que saludan mis pestañas.

Musito sola, y te hablo, mientras me trasporto a cuando me llamabas de vuelta, lejos ya del mar donde bañamos nuestra primera desnudez y se desgarró mi cuerpo entre sollozos de algarabía y miedo. Y, ahora, entre el peso de los días, los meses y los años, me devuelves a mis 16, cogida de tu mano mayor, de 17, —años—, intentando caminar erguida sobre los tacones que me subían a tus besos, mientras hacíamos las cuentas de los días que faltaban para crecer juntos y crearnos un hogar entre los abrazos alargados en las noches de amores sin secreto.

-Eres mi vida, y te quiero a mi lado, decías mientras mis 17 ya eran tus 18 —años— de joven madurez recientemente emancipada.

Y yo, que arrastraba sin tí la eternidad de las dudas, me quedé atrapada en la voluntad de mi juventud y mis deseos de comerme el mundo —sin saber si me gustaría su sabor— para alimentarme de amores nuevos.

-Tengo una casa y un huerto de chirimoyas-, me decías para trazarme el regreso hacia ti entre el dulzor de la fruta y el camino que tejías con tu anhelo. Pero yo, que hacía lo que pensaba sin pensar en lo que hacía, te dije, qué para qué quería yo una casa y tus chirimoyas, si aún tenía tiempo de volar sin más alas que mis ansias de alocada juventud, —y daba así un portazo a tus planes de amor y a las esquinas de tu cama—

Dentro del sobre, aún se agazapa el ayer inmortalizado en el blanco y negro de un traje verde de pana —de cinco mil pesetas de entonces, que eran un pastón— y tú, de marrón a rayas diplomáticas y corbata como un babatel. Y reíamos desde la tersura de juventud, cuando creíamos que el fotógrafo captaría nuestro placer en la cara.

La foto, me remueve más que tus palabras de antaño, porque los rostros felices y risueños me presentan el tiempo demasiado repleto de vida sin nosotros, y, de pronto, me entra, por un instante, una imperiosa necesidad de traerte de vuelta con tus ojos negros y piel de sueño, mientras la memoria se reboza de aquellos besos dulces sin el hastío de los años… De la impetuosidad de los abrazos arrinconados en la calle sinuosa de los cuerpos. De todo el amor que se nos quedó extraviado entre el mar y el desierto de distancia al que el destino nos entregó una mañana.

Mientras miro a través de la ventana —por cierto, debo limpiar los cristales un día de estos—, el verde y oloroso jardín me recuerda el día que me pusiste, en un marco parecido, —en el dedo donde se ponen los anillos de enamorados—,el anillo que aún conservo grabado con las iniciales de tu nombre; M.A.R. Quizá, como remedo de ese mar donde llenábamos de sal nuestros besos. Y, alguna vez, pese al transcurso de la distancia, lo llevé, porque era lo poco que conservé de tí durante una eternidad de silencio, y cada vez que mis dedos lucían de plata, brillaba tu recuerdo, al que ya no entro, por no llenar de nostalgia mi tiempo.
Y, ahora, apareces de nuevo, pidiéndome amor eterno, ofreciéndome tu casa y tu huerto, tu juventud de ilusión y ruego…

Pero yo, tengo que seguir barriendo las cenizas que se han esparcido por mi casa y mis deseos gastados de saber donde, cómo, y con quien compartiste tus besos con el sabor dulce de las chirimoyas.

Dejo a la gata en el suelo, mientras la carta, la foto y mi encuentro, quedan guardados bajo llave.
Ya no tiene sentido rememorar lo que pudo haber sido, porque entre lo que quiero está él, que es a quién quiero…





































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