viernes, 16 de julio de 2010

CARMEN: JARDIN Y VERSO

Carmen = Cárminis = Poema, música, canto, jardín y huerto.


Carmina vel caelo possunt deducere lunnam. = “La poesía puede hacer bajar del cielo a la luna”.



¿Como llamaremos a la niña?, preguntaba la madre exhausta mientras le ataban el cordón umbilical a la diminuta y morena figurita que no dejaba de llorar.

- María del Carmen, no se puede llamar de otra manera. Decía la abuela mientras al minuto de vida fuera del vientre ya le depositaban en sus manos tres escasos kilos de lloroso cuerpecito envuelto en paños blancos rematados de picunela.

-Vale, mama. Me gusta el nombre y así cumplimos con sus dos tías, hermanas por parte del padre y de la madre.

-¿Que dirá su padre.?  Balbucía la abuela mientras el último día de agosto despuntaba caluroso pese a no haber salido aún el primer rayo de sol porque era la madrugada quién saludaba entre la cuna.

-No dirá nada. Estoy segura.


Cómo pasa el tiempo. Pero a diferencia de los años, el nombre no se encanece. Ni pierde tersura. Tampoco dejan de brillar los ojos ni la risa saluda desdentada. Él luce inalterable, eterno…Sobreviviendo al cuerpo al que identificó para llamarlo.

Decía el poeta “Pienso que mi nombre es mi ser y que no soy sino mi nombre”…

Y yo, pese a que dicen que mi nombre significa poema y canto, no nací poeta, pero llevo un poeta dentro que canta versos a escondidas. Que escribe con el alma que no entiende de reglas de escritura, sino de palabras dictadas por el alma.

Por eso, aquí estoy, contando lo que el alma escribe en mi nombre.

Carmen = Poema y Canto. Jardín y Huerto.







martes, 6 de julio de 2010

UN MAR DE DISTANCIA.




La he vuelto a encontrar.
¿Qué? La eternidad.
En el mar huido
al tiempo que el sol

ARTHUR RIMBAU., la eternidad.

Si pudiera hacerme a la mar, arriaría en mi barca el lienzo que pinté una madrugada con el color de los anhelos. Dejaría que el viento me llevara donde el agua se tiñe de arena, para que la isla de tu cuerpo cubra mi desnudez de aire y sal. Te buscaría entre las rocas donde escondes tu amor de caracolas.

Allí, bajo el azul teñido de besos,  me llenaría de ti sin el lastre eterno del tiempo.

Poco a poco, dejaría mis huellas en los pliegues de tu piel, y mis dedos se harían algas enroscadas en tu pelo, para acabar  buceando a pulmón abierto en la profundidad de tu espesura.

Pero…no puedo salir y navegar por el agua de tu vientre. Solo puedo izar la vela tejida de esperanza, mientras espero a la noche para deslizarme por las sombras y sumergirme en los recuerdos de tu voz, de tus ojos de mirar sereno,  cuando la oscuridad me cubre con el sopor estragado de la espera y  le cuento a la almohada mis secretos, y me vuelvo la brisa de los sueños para encontrarte entre ellos, y embriagarme del olor salino del deseo.


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