sábado, 29 de octubre de 2011

FLORES A LOS VIVOS.


Puede parecer real, puede que solo sea una fantasía. Habrá quién lea una posibilidad y otros que se sientan reflejados. Tú, que has entrado al Bosque, anímate. Da un paseo y aspira el aroma de las flores. No hay crisantemos para las tumbas, porque aquí solo entran los vivos...Aunque quizá  también algún alma que quiere seguir sabiendo a qué huelen las rosas.

Me he encontrado con un amigo de siempre que, pese a tener ya una edad en la que algunas personas le podían considerar “mayor”, es lo suficientemente joven, tanto física como espiritualmente como para que, en un momento determinado de su existencia, se parara a reflexionar que aún podía seguir disfrutando de una vida que le pertenecía por entero. Él había vivido en muchos lugares, había conocido a muchas personas, se había labrado un porvenir en varios trabajos, hasta había gozado de distintos amores, pero en muchas, en demasiadas ocasiones, se sentía solo.

Me contaba, -en esos momentos en que la confianza entre dos personas permite confesar esos sentimientos- que es mucho lo perdido, cuando queda varado el amor en el transcurrir de la vida. Pero él aún tenía necesidad de seguir amando. De vivir ilusiones y caricias nuevas. Quería, porque su vida aún le correspondía, llenarse de pequeños momentos que pudieran hacerle grande el mundo que compartía, pero que, por esas cosas del destino y sus circunstancias, se le había quedado vacío de sensaciones.

Se conformaba con pequeños detalles, pero esperaba grandes demostraciones de afecto. Quería vivir todo lo que él entendía que sintiéndose útil, podía disfrutar. Y me contaba que él podría ser feliz con muy pocas cosas materiales. Lo justo y necesario para vivir; y que, por todas posesiones materiales, se conformaría con una cama, una mesa y una silla, porque esos tres elementos, por muy humildes que fueran, siempre le podrían proporcionar lo que su cuerpo y su mente necesitaban.

Me explicaba, que de nada sirven el lujo y la riqueza, si se vive entre la pobreza de ilusiones y querencias. Decía, que quería dormir abrazado, comer acompañado y sentarse al lado de quien le entregara su presencia cálida y cómplice. Quería amar hasta desfallecer, a la mujer que sintiera que su piel se erizaba con el roce de sus labios.

Así, me hizo confirmar que utilizamos un lenguaje universal, cuando nos paramos a pensar, -mientras el tren de la vida recorre los raíles del tiempo- que hace falta muy poco para ser feliz. Que no es necesario tener demasiado lujo ni riqueza, si lo esencial se comparte entre una cama, una mesa y una silla.

Desde lo que me hizo reflexionar, y razón le dejo escrita por los caminos que el bosque abre, creo que ahora es un buen momento para regalar flores a los vivos. Sin dejar de recordar a nuestros muertos, y sin que para ello sea necesario noviembre. Quizá luego sea tarde para demostrar todo lo que nos quisimos.


5 comentarios:

Marmopi dijo...

Y qué razón tiene tu amigo, niña. Para ser feliz no hace falta mucho si no es mucho lo que anhelamos en la vida egoistamente.
Me quedo con mis flores. Espero que tú recibas muchas también. Las mereces. Todos las merecemos y las necesitamos.
Un besote grande, corazón ;-D

bicipalo dijo...

Ama del Bosque, ¿que es un bosque sin la explosion de vida de la primavera...?, ¿sin los ocres y amarillos del otoño...?, ¿ sin la calma invernal...?, la vida son sensaciones, cuando estan se van, la vida se va con ellas.
Amar..., al final solo deseamos algo sencillo, abrir los ojos y ver a alguien, de la misma forma que esos otros ojos esperan lo mismo, abrirlos y vernos. Quizás lo mas hermoso de esta vida, el amor, la gratitud, el afecto, las caricias.

Lara dijo...

Querida Marmopi. Si tuviéramos en cuenta lo efímero de todo, nos asiríamos con fuerza y no dejaríamos escapar al amor, los afectos, la amistad... Así como las flores sólo podemos olerlas vivos, así lo mejor de nosotros deberíamos saber entregarlo a tiempo.

Un besote.

Lara dijo...

Así es Bici. Al abrir los ojos, siempre deberíamos ver en primer lugar al afecto mirándonos a la cara, al sentimiento abrazado a nuestro abrazo,a los labios dispuestos a besarse, y, sobre todo al respeto diespuesto a entregarse. Y todo lo material, tan necesario por otra parte, debería ser un complemento de la felicidad, no un fin para conseguirla.

Un abrazo.

Jorge Drake dijo...

Interesantes reflexiones. Todas nuestras pertenencias, si no tienen un propósito ulterior, se convierten en un equipaje que se carga y no se usa. A veces teniendo lo justo se camina más ligerito para ser y vivir. Algunas veces el conquistador termina convirtiéndose en guardián de lo conquistado. Encontrar ese equilibrio entre tener y ser parece el quid del asunto.

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