jueves, 8 de septiembre de 2011

REALIDADES.



Sé que lo sabes, que la noche se vuelve aurora mientras los labios te regalan mis besos, que viajan con equipaje de brisa nueva, y yo, recibo la caricia de tu voz entre la cadencia de los propósitos.

Cierro los ojos cuando el sueño se apodera de nuestras ilusiones y duermo restándole un día al calendario.

Bajo el sol de la mañana, en la tibieza de la tarde y en la oscuridad del día que se retira en el ocaso; siento tu piel que dibuja la señal de su roce en mi cuerpo y la tuya se tiñe del color de la desnudez.

Y te espero de nuevo, en cada movimiento de las agujas del reloj. En el gorjeo de los pájaros. En la calle que se cubre de ruidos que ignoro. En la ilusión que se prepara para escribirse. En el sabor dulce de la fruta. En los maullidos de los gatos que ronronean tus palabras. En el caballo azul que dibujan las nubes blancas. En…

Porque eres como agua de mayo, que hace germinar el fruto entre la tierra fértil y la lluvia caída.


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