viernes, 25 de marzo de 2011

COSAS DE LA PRIMAVERA.

La Primavera ha asomado entre los brotes verdes, pero de pronto parece que se hubiera ido con el frío que deja la nostalgia.

Tras de los cristales, llueve. El aire nos levanta la falda y los pelos se nos ponen como escarpias...Pero, imaginemos,  que por la puerta  ha entrado la amiga fiel de nuestra infancia. Alegre y chispeante dentro de su colorido vestido,  oliendo a jazmín y rosas tempranas. Dejando una estela de color tras de sí,  que tiñe de arco iris  las nubes oscuras y acuosas.  Aquella que jugaba con nosotros cuando toda la vida era una continua primavera.

El bosque está  animado. Quiere poner al mal tiempo, buena cara, porque lo que importa es levantar el ánimo, animarse y sentirse animoso. Sacar al niño interior. Reír aunque den ganas de llorar. Volar con la libertad de un pájaro primaveral. Ser como el pavo real, majestuoso y orgulloso de su linaje  que siempre destacó entre los animales y es admirado por el ser humano.

No importa que haga frío. Que todo se haga cuesta arriba. Que haya que correr para llegar a tiempo.

La primavera ha llegado. Sólo hace falta que se anime, para ser la que es.

miércoles, 9 de marzo de 2011

COMO SER MUJER y no morir en el intento.

…”A ningún político de ninguna época, a ningún diputado o representante del pueblo debe tanto la democracia en España como a Clara Campoamor. Le debemos nada menos que el sufragio universal, idea aparentemente muy admitida pero que para hacerse realidad precisa que las mujeres tengan los mismos derechos electorales que los hombres, durísima tarea que ha consumido en casi todos los países las energías de varias generaciones de mujeres y de hombres amigos de la igualdad. En el nuestro, se consiguió de golpe, sin aparente esfuerzo, porque el esfuerzo lo hizo una persona sola.
Clara Campoamor fue una mujer que se hizo a sí misma, que luchó siempre contra todo, contra todos y contra todas -«mi ley es la lucha», decía- para conseguir una España en donde la cuna fuera un origen, no un destino, y donde la Ley no fuera un castigo sino un amparo…”

Clara. Claridad. Claramente. Clarísimo lo tengo. Yo, soy mujer y orgullosa de serlo, amén de rebelde.

Quizá debí llamarme Clara Rebeldía.


9 de marzo, día después del 8 declarado día Internacional de la Mujer a la que se le suprimió lo de Trabajadora.¿será porque siempre lo fuimos y no hay novedad en ello?

Oigo la radio. Pongo el televisor. Leo la prensa. Las voces y rostros se iluminan con las pancartas de los derechos, pero han apagado el neón de los deberes. Me duele la hipocresía como me estalla la cabeza. Los políticos se hacen fotografías desde la caries de su sinceridad. Las mujeres y sus casusas, siguen siendo utilizadas como urna arrojadiza en espera del voto que los aúpe –dentro de la Ley de Igualdad y de Paridad- al escaño desde el que el recibo de la luz, el pago de los colegios, la manutención de la familia…no se hace cuesta arriba. En la calle, las miradas siguen cabizbajas y los rostros huidizos. Las prisas arrasan el diálogo porque no hay tiempo que perder. -Si no trabajo, no como, dice la madre de familia que no llega a fin de mes y cuyo marido engrosa las listas del paro-

Pero, en los cinco continentes todo va bien, mienten los dirigentes que de nada carecen, mientras al pueblo mujer se le efectúa la ablación del gozo de vivir y se le amputan los miembros del conocimiento.

Las mujeres, de las que nacen los hombres, y nombro aquí a Pirenne, que decía que “En el grupo humano es sobre todo la madre la que aparece esencialmente como fuente de toda vida, de un modo particular en ese época en que la unión conyugal no existía de modo estable”… Lógicamente se refiere al matriarcado, algo ahora impensable en la evolución del tiempo que tan lentamente evoluciona para según qué cosas. Y, pese a esa soberanía de traer hombres al mundo, seguimos las mujeres sin tener el sitio claro y definido que nos merecemos. Y ¿Cuánto habrá que vivir para conseguirlo?...

Ni me lo planteo. No soy feminista, ni me interesan los discursos de las que lo sean, pero sigo sus ideas y sus palabras si en ellas hay coherencia y sentido común, que es el menos común de los sentidos, y sin que la fuerza de su razón particular acabe con la razón colectiva desde la cual, y si no hubiera aún, tanto complejo machista, otro gallo nos cantaría a todos. Hombres y mujeres, porque, en definitiva, de todos los del reino animal, es el que más problemas causa a la civilización que no termina de civilizarse.

Acabo diciendo que me gusta el hombre. Y que, no es óbice, cortapisa o valladar a mis intereses de mujer, ir en pos de lo que él sabe y puede aportarme. Pero ¡ay¡, del que osara acercarse con ínfulas de macho ibérico.

No me interesa el politiqueo en el que han convertido el Día Internacional de la Mujer, cuando tenemos aún, tanto trabajo que hacer, porque en realidad, los que tienen que reconocer la fuerza que nos toca, no saben aún bien por donde seguir con nosotras, que somos tantas en una…Ni conviene del todo. Que no nos cuenten gaitas...

Quizá, Clara Campoamor, se esté revolviendo en su tumba y se nos aparezca en espíritu, porque aún queda mucho para conseguir en su totalidad, del espíritu de su lucha.





martes, 1 de marzo de 2011

AMOR Y CHIRIMOLLAS (recuerdos de hace tiempo)


He encontrado una carta ajada y amarilla, —mientras limpio el armario— con los bordes roídos como uñas en dedos dolientes de impaciencia.

Le he quitado, con la sorpresa, las telarañas de los recuerdos grabados en tinta desgastada junto a la adolescencia, que se fue de viaje con los años.

El sillón del dormitorio —donde descanso el plumero y mis piernas—, ha cargado con el tiempo escondido entre los vestidos de colores, y las transparencias de la noche, mientras me pongo las gafas y me quito las sandalias —¡esta manía mía de ir descalza¡— y él, se presenta ante mí, con el negro de su pelo entre mis dedos, y las caricias a hurtadillas sin luz en el portal de mis deseos.

¡Ya no puedo contar los días, los meses, ni siquiera los años transcurridos, pese a la fecha tatuada en la cara del envío, porque yo, no mido los años por años, sino con el tiempo que hace que el tiempo quedó atrapado en la espiral del tiempo, y, ahora, aparece de nuevo, escrito entre palabras de reclamo pese a que, de él, sólo recuerdo el primer amor —que no es poco—.

La gata, salta a mi regazo y se acomoda entre mis pliegues, mientras lame los dedos inundados de pasado y juventud enamorada, y me mira, y yo la miro, a esos ojos que reflejan en azul, el asombro que saludan mis pestañas.

Musito sola, y te hablo, mientras me trasporto a cuando me llamabas de vuelta, lejos ya del mar donde bañamos nuestra primera desnudez y se desgarró mi cuerpo entre sollozos de algarabía y miedo. Y, ahora, entre el peso de los días, los meses y los años, me devuelves a mis 16, cogida de tu mano mayor, de 17, —años—, intentando caminar erguida sobre los tacones que me subían a tus besos, mientras hacíamos las cuentas de los días que faltaban para crecer juntos y crearnos un hogar entre los abrazos alargados en las noches de amores sin secreto.

-Eres mi vida, y te quiero a mi lado, decías mientras mis 17 ya eran tus 18 —años— de joven madurez recientemente emancipada.

Y yo, que arrastraba sin tí la eternidad de las dudas, me quedé atrapada en la voluntad de mi juventud y mis deseos de comerme el mundo —sin saber si me gustaría su sabor— para alimentarme de amores nuevos.

-Tengo una casa y un huerto de chirimoyas-, me decías para trazarme el regreso hacia ti entre el dulzor de la fruta y el camino que tejías con tu anhelo. Pero yo, que hacía lo que pensaba sin pensar en lo que hacía, te dije, qué para qué quería yo una casa y tus chirimoyas, si aún tenía tiempo de volar sin más alas que mis ansias de alocada juventud, —y daba así un portazo a tus planes de amor y a las esquinas de tu cama—

Dentro del sobre, aún se agazapa el ayer inmortalizado en el blanco y negro de un traje verde de pana —de cinco mil pesetas de entonces, que eran un pastón— y tú, de marrón a rayas diplomáticas y corbata como un babatel. Y reíamos desde la tersura de juventud, cuando creíamos que el fotógrafo captaría nuestro placer en la cara.

La foto, me remueve más que tus palabras de antaño, porque los rostros felices y risueños me presentan el tiempo demasiado repleto de vida sin nosotros, y, de pronto, me entra, por un instante, una imperiosa necesidad de traerte de vuelta con tus ojos negros y piel de sueño, mientras la memoria se reboza de aquellos besos dulces sin el hastío de los años… De la impetuosidad de los abrazos arrinconados en la calle sinuosa de los cuerpos. De todo el amor que se nos quedó extraviado entre el mar y el desierto de distancia al que el destino nos entregó una mañana.

Mientras miro a través de la ventana —por cierto, debo limpiar los cristales un día de estos—, el verde y oloroso jardín me recuerda el día que me pusiste, en un marco parecido, —en el dedo donde se ponen los anillos de enamorados—,el anillo que aún conservo grabado con las iniciales de tu nombre; M.A.R. Quizá, como remedo de ese mar donde llenábamos de sal nuestros besos. Y, alguna vez, pese al transcurso de la distancia, lo llevé, porque era lo poco que conservé de tí durante una eternidad de silencio, y cada vez que mis dedos lucían de plata, brillaba tu recuerdo, al que ya no entro, por no llenar de nostalgia mi tiempo.
Y, ahora, apareces de nuevo, pidiéndome amor eterno, ofreciéndome tu casa y tu huerto, tu juventud de ilusión y ruego…

Pero yo, tengo que seguir barriendo las cenizas que se han esparcido por mi casa y mis deseos gastados de saber donde, cómo, y con quien compartiste tus besos con el sabor dulce de las chirimoyas.

Dejo a la gata en el suelo, mientras la carta, la foto y mi encuentro, quedan guardados bajo llave.
Ya no tiene sentido rememorar lo que pudo haber sido, porque entre lo que quiero está él, que es a quién quiero…





































Se ha producido un error en este gadget.

Seguidores