miércoles, 24 de febrero de 2010

MIENTRAS NOS COMEMOS .


La hora de la cena.
No tengo hambre, solo ganas de comerte a besos.
De beber el zumo que destilan tus labios y de sorber poco a poco el sabor de tu desnudez.

En la mesa, aún permanecen las migajas del desayuno. Allí se quedaron cuando después de tomar el café con leche edulcorado con el aroma que ha destilado el placer, fuimos a dormir la laxitud del deseo.

Al medio día, el mantel conservaba las arrugas que le han producido nuestras caricias. Cuando te he servido el plato frugal de las verduras que han puesto un toque de color a nuestras ganas, tú, has estirado la mano para coger el pan, pero era lo que yo creía, pues ha sido mi pecho asomado a la rendija de mi escote, quien ha sido recorrido con la suavidad de tu lengua inquieta.

Saboreando el té de la tarde me decías al oído lo que me extrañas, o eso he creído entender, porque el ruido del agua en ebullición me desviaba al dulzor de la miel de tus besos.

Y, ahora, ha llegado la noche, y aquí estoy, esperando que las ganas de comerte a besos, se sacie al arrimar la silla a la mesa donde me esperan los recuerdos hechos viandas.
http://www.youtube.com/watch?v=nfejripd4Pk

NOCHES SIN TI

De nuevo la noche fría y oscura, sin el tacto de tu piel junto a la mía. Sin el cálido aliento en mi nuca que  me llena de caricias  y salpica mi cuerpo de rocío. 

Quiero dormir para sentirte mío. 
Voy a santiguarme de deseos.
Rezaré la letanía de tus besos.
Y mañana, al despertar, serás el Credo de mis sueños.

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