lunes, 15 de marzo de 2010

LIBRO ABIERTO.

Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado un amigo que espera, olvidado, un alma que perdona, destruido, un corazón que llora. 
Proverbio hindú.


Dicen que los libros tienen memoria. Que si los dejamos salir de casa, de su hogar, se entristecen y no vuelven.

Debe ser verdad, porque libro que he dejado, libro que he perdido.
Me ha pasado con ellos como con más cosas. Es como si al prestar algo, aún con la buena intención de dejarlas a quien las puede  necesitar, las cosas se ofendieran. Es como si, al pasarlas a otras manos, se sintieran relegadas de nuestras vidas y, orgullosas y dolidas, no regresan.

He vuelto a comprar los mismos libros que dejé,  porque al perder uno sólo de ellos, es como si perdiera un trocito de ilusión. Como si quedara un vacío irreemplazable en el lugar al que los destiné y sólo un silencio sepulcral inunda el espacio en blanco que queda sin historias que contar . 
Me dejan la sensación de haber dejado la puerta abierta a los personajes cuyas vidas estaban confiadas en mis manos y se sinceraban conmigo mientras yo esperaba solícita que me agradaran, y en un intento nada vano,  de que me enseñaran. 

Lo primero que traje a mi nueva casa, fueron los libros. No quise que vinieran en el camión de la mudanza. Los traía yo cada mañana en bolsas antes de irme a trabajar. Cargaba con ellas el coche después de bajar tres pisos sin ascensor y subía feliz a "mi cerro" donde las iba dejando hasta que, por la tarde, ilusionada, los iba colocando en esa pequeña, pero muy personal, biblioteca. Cuidando de que no se replegaran  en su propia intimidad. Que no quedaran sólo como adornos de salón, sino como los amigos fieles que me siguen donde voy, que se dejan acariciar y no me piden cuentas ni pasan tributo. Y que, a su vez, me ayudan a soñar. A viajar y conocer. A dudar y pensar. A imaginar y adivinar. A acertar y errar...

Libros. 
Amigos que no se vuelven distantes con el tiempo. Amores que no se cansan de convivir bajo el mismo techo. Historias que no se encanecen sino que permanecen inalterables al desánimo y el transcurrir de los años. 

Libros. 
Cerebros activos. 
Juventud eterna. 
Luces y sombras de vidas perpetuas.
Reflejos de nuestras propias quimeras.







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