viernes, 5 de marzo de 2010

CIUDADANO DEL MUNDO.

Dibujo de Viejo Zorro. Ciudadano del Mundo.


Hacia tiempo que había llegado al pueblo donde ahora vivía. 
Ciudadano del mundo gustaba que lo llamaran, pues él mismo así se presentaba cuando le preguntaban de donde era.
Llevaba ya unos años en la tierra que no le vio nacer, pero en la que había engendrado un hijo, por tanto se sentía ligado a ella más por esa causa que por cualquier otra que pudiera pensarse.
No tenía raíces pese a ello, pues él siempre se ha considerado un ser libre sin más tierra a la que aferrarse que la que se le adhiere a la suela de sus botas al caminar. Siempre ha creído que el hombre que se ata a un lugar no es dueño de su tiempo y que el hastío se acabará colando por las rendijas que  abre la rutinaria existencia. Por eso, él se considera un ser que ama la vida que le regala posibilidades nuevas a las que no se aferra, pues las compara al Sol que aparece cada nuevo día y muere cuando llega la noche. Como las flores que se abren frescas a la luz y se marchitan con el paso de las horas. Como el árbol que pierde las hojas porque un nuevo tiempo lo colma.

Cuando sale a caminar  un bastón le acompaña en su paseo sereno. Si se le pregunta para qué lo lleva, pues la edad aún le permite mantenerse erguido y sus pasos son firmes y acompasados, siempre contesta lo mismo: ­­-Es  un punto de apoyo, simplemente. Pero era el viejo bastón de mi padre y cuando lo rescato del lugar donde lo dejó por última vez, es como si él paseara a mi lado. Al coger la empuñadora, el calor de sus manos parece dar tibieza a las mías y, cuando me siento en el mismo lugar que descansaba, parece que oigo todo lo que su boca narraba. Y así, cuando quiero soñar despierto puedo tumbarme en la hierba y sentir que él no se ha ido del todo-

Así es él. Un ciudadano del mundo, sencillamente.


















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