domingo, 28 de febrero de 2010

PALABRAS HABLADAS (reflexiones de madrugada)

Ayer escribía sobre las palabras calladas, las que no necesitan hablarse, las que se van formando desde el corazón y la imaginación. Palabras que se convierten en relato. Real o fingido. De fantasía o terror. Palabras que se van enlazando para darle forma a la historia que queremos crear, al cuento que queremos forjar…

Pasa el tiempo, pasa la vida. Con el transcurso de los años, cuando ya no se tienen ganas de salir hasta las tantas a tomarse unos tragos o ligar un rato. Cuando la noche es el refugio de uno mismo y no el peregrinar en busca de nada. Cuando la reunión con amigos es un punto de referencia con el ayer que sigue latiendo en el presente y, cuando, como hoy, diez personas, conocidos de siempre e ignorados a ratos, alrededor de una mesa al calor del fuego y la comida condimentada, hemos departido de todo un poco y de nada en concreto. Cuando ha sido agradable la sobremesa,  la cena frugal y los efluvios de algún trago de más  a alguien le han dado ganas de bailar un rato. Yo, desde mi rincón, escuchaba más que hablaba, porque comprobada, una vez más que, en realidad, si intentamos escuchar cuando un grupo se encuentra y alguien quiere imponer su palabra, no nos podemos escuchar de tanto esfuerzo que hay que hacer para escucharse.

Demasiadas veces las palabras que no se callan, las descuidamos en exceso. No les damos cadencia y lírica. No van precedidas de ritmo y pausa. No son habladas. Más bien las lanzamos y forcejeamos con ellas para que lleguen al interlocutor de enfrente como un dardo a una diana.

Como ayer decía. Las palabras tienen demasiada fuerza. Por eso no deberíamos gritarlas porque corremos el riesgo de desbocarlas.

Yo no soy parca en palabras. Al contrario; hablo y hablo, sin hacer honor a mi apellido que me aconseja silencio. Pero, poco a poco, y debe ser cosa de la edad,  cada vez me cuesta más entender y que me entiendan entre fuegos cruzados de palabras habladas. Y, cuando el silencio vuelve  a mi lado y se hace letra, debo, en honor a la verdad, decir que las prefiero calladas.

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